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Educación

Reflexiones sobre procesos de reforma en la Universidad Nacional Autónoma de México y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leonardo Lomelí Vanegas, inauguró recientemente un foro de análisis dedicado al futuro y a la reforma de esa casa de estudios, según un reportaje de la Gaceta UNAM publicado el pasado 19 de marzo.

Enfoque en la legitimidad y la corresponsabilidad

Durante la apertura del evento, el rector Lomelí enfatizó que el objetivo central debe ser dotar al modelo de gobierno universitario de “mayores condiciones de legitimidad, representatividad y corresponsabilidad”. Según la autora del texto, esta declaración sitúa la reflexión en los modos de conducción y la forma de gobierno de la institución, señalando que la legalidad no es suficiente y debe complementarse con una aceptación de la comunidad académica.

La autora argumenta que un gobierno universitario legítimo y representativo debe ejercer su corresponsabilidad junto con el gobierno del Estado, dado que las políticas de educación superior pública son responsabilidad compartida entre quien las decreta y las instituciones donde se aplican.

Advertencias sobre un debate desde las bases

En el mismo foro, el académico Imanol Ordorika advirtió sobre la necesidad de un debate “desde abajo, fuerte, incluyente”, señalando que sin ello no habrá reforma, tal como ocurrió en gestiones anteriores. Ordorika recordó que en el semestre anterior 35 entidades de la UNAM estuvieron en paro, con una duración promedio superior a los 30 días.

La autora del artículo vincula esta advertencia crítica con los procesos de “armonización” de leyes orgánicas universitarias, utilizando como ejemplo el caso de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y su Ley en relación con la Ley General de Educación Superior.

Crítica al proceso en la BUAP

Según la autora, la “armonización” en la BUAP resultó en una mayor centralización del poder y permitió la incorporación de funcionarios ajenos a la tradición y lucha histórica de la universidad. Este proceso, afirma, no se limitó a la ley sino que se materializó en el Estatuto Orgánico, el Reglamento de Elección de Autoridades y el Reglamento de Funcionamiento del Consejo Universitario.

La participación de la comunidad en dicha modificación, según su relato, se redujo a un informe presentado por una comisión designada por la rectoría para “incorporar” propuestas, un mecanismo que califica como una ficción, alineándose con las críticas de Ordorika.

El foro en la UNAM se desarrolló del 17 al 20 de marzo, y la autora espera que, como expresó el rector Lomelí, constituya el inicio de un debate amplio sobre el modelo universitario y las formas de convivencia al interior de la comunidad académica.

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