Educación
Corrupción y crisis institucional sacuden al Instituto Politécnico Nacional
El Instituto Politécnico Nacional enfrenta una severa crisis ética y de gobernanza, caracterizada por presuntos actos de corrupción y desvío de recursos, que han dejado a su comunidad educativa en situación de abandono sistémico. La institución, fundamental para la educación tecnológica del país, atraviesa uno de los momentos más vergonzosos de su historia reciente.
Figuras clave en el entramado de irregularidades
En el centro de esta situación se encuentra Javier Tapia Santoyo, exsecretario de Administración hasta diciembre de 2025, quien es señalado como operador principal de un esquema que succionó recursos de la institución. Tapia Santoyo, con un historial previo de irregularidades en el ISSSTE, habría actuado en el IPN con impunidad, a pesar de múltiples denuncias presentadas ante la Fiscalía General de la República y la Auditoría Superior de la Federación. Se le atribuyen desvíos hacia empresas fantasma y un intento de suplantar la histórica Fundación Politécnico con asociaciones civiles creadas “a modo” para triangular cuotas estudiantiles.
La presión de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno finalmente obligó a su suspensión. Sin embargo, la crisis escala hacia los más altos niveles directivos.
Responsabilidades en la cúpula directiva
La renuncia e investigación en contra del Director General, Arturo Reyes Sandoval, se consideran ahora inminentes e inevitables. Reyes Sandoval no solo permitió el ascenso y las maniobras de Tapia Santoyo, sino que enfrenta denuncias penales por peculado y tráfico de influencias interpuestas por la propia comunidad politécnica. Se percibe que su posible salida se asemeja más a una huida que a un relevo institucional ordenado.
El sacrificio de directores de áreas como Compras y Recursos Materiales ya no se considera suficiente, ya que la responsabilidad política y legal apunta directamente al despacho principal. El Politécnico se encuentra, de facto, en una situación de desgobierno.
