Cultura
Museo de La Paz alcanza 31 años de operación autofinanciada con apoyo de estudiantes universitarios
El Museo de la Ballena y Ciencias del Mar, ubicado en La Paz, Baja California Sur, ha cumplido más de tres décadas de funcionamiento sin recibir financiamiento de instituciones públicas o privadas para sus actividades centrales de recuperación y conservación de cetáceos, sosteniéndose únicamente con los ingresos por entradas y venta de recuerdos.
Fundado el 8 de febrero de 1995 como una asociación civil, el recinto exhibe una colección de aproximadamente 75 esqueletos de ballenas y otros mamíferos marinos, abriendo sus puertas de lunes a sábado en un horario de 9:00 a 14:00 horas.
Origen y liderazgo
Francisco Javier Gómez Díaz, actual director ejecutivo, se incorporó como voluntario en 1997 bajo la dirección del fundador Víctor Ramos Pocerova. Gómez Díaz relató que el proyecto inició gracias a los esfuerzos de Ramos Pocerova, quien convocó a artistas y miembros de la comunidad para reunir recursos. “El presidente fundador fue el señor Víctor Ramos Pocerova. Él fue quien andaba tocando puertas para poder iniciar con esta bonita labor. Convocaba a artistas, a gente de la comunidad en general, tratando de buscar los recursos para iniciar con este museo. Lamentablemente nada más estuvo cuatro años, desde que inició hasta 1999”, indicó.
Tras la salida del fundador, Gómez Díaz, originario de la Ciudad de México y residente en La Paz desde 1991, continuó con el trabajo junto a otros voluntarios que se fueron sumando al proyecto.
Financiamiento y desafíos operativos
El director explicó que la principal dificultad a lo largo de estos años ha sido la parte económica, ya que las actividades de recuperación de osamentas y rescate de organismos varados no cuentan con apoyo financiero externo. “La recuperación de osamentas no tiene financiamiento de ninguna instancia. Ese trabajo lo hacemos con recursos propios, y los recursos propios ¿de dónde los obtenemos? Gracias a que la gente viene a este espacio, paga un ticket, nos compra alguno de nuestros souvenirs”, detalló Gómez Díaz.
Para realizar sus labores, el museo debe tramitar anualmente un permiso de colecta científica con fines educativos ante la Dirección General de Vida Silvestre de la Semarnat, además de notificar a la Profepa de la delegación correspondiente antes de cualquier intervención.
Procesos de trabajo y vinculación universitaria
El equipo, conformado por una plantilla base de cuatro a cinco personas, lleva a cabo un meticuloso proceso que incluye documentación, necropsias en colaboración con especialistas, retiro de tejidos, resguardo de huesos y un prolongado proceso de desengrase que puede durar meses. Estas actividades se han realizado no solo en Baja California Sur, sino también en estados como Baja California Norte, Sonora, Sinaloa y Tabasco.
El museo cuenta con el apoyo de estudiantes de servicio social de diversas universidades del país, incluyendo instituciones de La Paz, Ciudad de México, Guadalajara, Morelia y Tijuana, quienes cursan carreras como Biología Marina, Medicina Veterinaria, Turismo Alternativo, Ciencias Ambientales, Comunicación y Lenguas.
Proyección futura y visitantes
En temporada alta, el recinto puede recibir hasta 100 visitantes diarios, mientras que fuera de temporada la afluencia disminuye a entre cuatro y seis personas. Las visitas guiadas para grupos escolares o de más de diez personas deben programarse con dos o tres días de anticipación.
Gómez Díaz mencionó que por cuestiones de salud podría reducir su participación en trabajos de campo en los próximos años, con la intención de dedicar más tiempo a la gestión de recursos externos que den mayor respaldo a la colección y al espacio museístico.
