Ciencia y Tecnología
Investigación de la UNAM explica cómo el Mundial de Fútbol afecta el cerebro de los aficionados
Un estudio científico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) detalla los complejos efectos neurofisiológicos que experimentan los aficionados al ver partidos de fútbol, especialmente durante eventos como la Copa Mundial, según explica un experto de la máxima casa de estudios.
La química del fútbol
Víctor Manuel Rodríguez Molina, neurofisiólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala que el balompié activa un poderoso cóctel neurobiológico que altera drásticamente la conducta, las emociones y la fisiología del espectador. Durante los noventa minutos de juego, el individuo vive el encuentro con la misma intensidad y desgaste que si fuera el protagonista en la cancha.
Cuando un equipo anota un gol decisivo, el cerebro enciende su sistema de recompensa, liberando sustancias clave como la dopamina y las endorfinas. Estas hormonas generan una profunda sensación de placer, motivación y bienestar en segundos, transformando el festejo en una experiencia sensorial altamente adictiva.
Estrés y reflejo neurológico
Por otro lado, el fútbol somete al cuerpo a niveles extremos de tensión en jugadas críticas como un penal dudoso o una revisión del VAR. En esos momentos, el organismo percibe un peligro real y dispara la producción de cortisol, la hormona del estrés, provocando reacciones físicas inmediatas como palpitaciones aceleradas, sudoración excesiva y ansiedad aguda.
Investigaciones lideradas por la Universidad de Oxford han documentado incrementos alarmantes de cortisol en fanáticos durante partidos cruciales, un impacto hormonal más evidente cuando existe una fuerte identificación emocional con la selección nacional.
Si un espectador se sorprende pateando el aire o moviendo las piernas desde su sillón, la ciencia explica que esto ocurre gracias a las neuronas espejo, un grupo celular que obliga al cerebro a imitar los movimientos observados en la pantalla, permitiendo recrear internamente cada jugada.
Cohesión social y recomendaciones
Presenciar encuentros deportivos en grupo fomenta la liberación de serotonina, un neurotransmisor que favorece la convivencia y la cohesión social. Compartir la pasión mundialista con amigos o familiares intensifica el sentido de pertenencia y sincroniza las reacciones emocionales colectivas, actuando como un escudo protector ante posibles efectos psicológicos negativos.
Los efectos de este torbellino químico no desaparecen con el silbatazo final; los recuerdos quedan arraigados en la memoria emocional, lo que explica por qué los aficionados debaten jugadas polémicas durante semanas. El cerebro se mantiene en estado de alerta prolongado debido a la adrenalina residual, lo que puede derivar en alteraciones del sueño o cambios bruscos de humor.
Ante este desgaste, especialistas médicos recomiendan canalizar la energía acumulada realizando actividades físicas ligeras como salir a caminar o trotar tras un partido tenso, para reducir el estrés, recuperar el equilibrio emocional y disfrutar del evento deportivo de manera saludable.
