Ciencia y Tecnología
UNIVA analiza la realidad de los alimentos funcionales en la dieta mexicana
Una investigadora de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA) examina la presencia y el impacto real de los productos alimenticios que prometen beneficios específicos para la salud en los hogares de México. La Dra. Leslie Becerril Serna, profesora investigadora del campus Guadalajara, distingue entre la mercadotecnia y la evidencia científica detrás de estos alimentos.
Los productos más comunes en el mercado
En el panorama mexicano, destacan varias categorías de alimentos funcionales que dominan los anaqueles. Los yogures y bebidas con probióticos encabezan las ventas, aunque su efectividad depende de la viabilidad de las cepas y su contenido a menudo alto en azúcar. Le siguen los cereales fortificados con vitaminas y minerales, que pueden ser altamente procesados, y las leches vegetales enriquecidas con calcio y vitamina D, cuya calidad varía ampliamente según los aditivos utilizados.
También son populares las barras de proteína o fibra y los snacks funcionales, diseñados para un consumo rápido, aunque algunos pueden ser similares a golosinas. Asimismo, han crecido las bebidas con colágeno o antioxidantes, cuyo respaldo científico todavía es variable pero que cuentan con una gran aceptación del mercado.
Los alimentos tradicionales con propiedades funcionales
La experta señala que México posee una riqueza de alimentos tradicionales que son funcionales por naturaleza, mucho antes de que el término se popularizara. El nopal, el amaranto, el cacao, el maíz nixtamalizado, las habas, el frijol y el camote, entre otros, contienen compuestos bioactivos con efectos comprobados en la salud metabólica y cardiovascular. Estos alimentos no requieren de empaques promocionales, ya que sus beneficios están en su composición natural.
Recomendaciones para un consumo informado
La Dra. Becerril propone un enfoque equilibrado. Los alimentos funcionales comerciales pueden ser útiles en situaciones específicas, como deficiencias nutricionales o estilos de vida demandantes, pero no deben constituir la base de la alimentación. La recomendación es priorizar una dieta basada en “comida real”: variada, suficiente y culturalmente pertinente.
La reflexión final apunta a que la sociedad busca soluciones rápidas para problemas complejos de salud. Sin embargo, la ciencia alimentaria no sustituye los hábitos saludables. La pregunta clave, según la investigadora, no es qué producto funcional comprar, sino cómo construir una alimentación que realmente funcione para cada persona, proceso que a menudo inicia en la cocina de casa y no en el supermercado.
