Ciencia y Tecnología
El ajolote mexicano revela sus secretos curativos mientras lucha por sobrevivir en Xochimilco
Investigadoras de la UNAM descubren en la piel del emblemático anfibio moléculas que atacan el cáncer y bacterias resistentes, al tiempo que su población silvestre se desploma y un censo de 2025 intenta medir el tamaño de la crisis.
Es una criatura de 600 huevos, branquias externas y una sonrisa que ha conquistado billetes y memes. Pero bajo el agua de Xochimilco, el ajolote mexicano libra dos batallas: una contra la extinción, otra contra el tiempo. Y en su piel, frágil y húmeda, podría estar escrita una de las claves para la medicina del futuro.
Un equipo de científicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha logrado aislar 22 péptidos de las secreciones cutáneas del Ambystoma mexicanum. De ellos, tres mostraron actividad contra células de cáncer de mama y cuatro frenaron el crecimiento de Staphylococcus aureus, una bacteria que cada vez se vuelve más resistente a los antibióticos convencionales. El hallazgo, publicado en Biotecnología en Movimiento del Instituto de Biotecnología, no solo enciende una luz de esperanza para la farmacología, sino que subraya la urgencia de proteger a un animal que podría estar llevándose sus secretos al abismo.
La desaparición silenciosa de un monstruo de agua
El nombre “ajolote” proviene del náhuatl axolotl, que significa “monstruo de agua”. Para los mexicas era el hermano gemelo de Quetzalcóatl, un dios que huyó de la muerte transformándose hasta ocultarse en el lago. Hoy, esa huida parece repetirse en la vida real. Su hábitat, la antigua zona lacustre del Valle de México, se ha reducido casi por completo a los canales de Xochimilco, un humedal patrimonial que agoniza entre la urbanización, la contaminación y la introducción de especies invasoras como la carpa y la tilapia.
La magnitud de la crisis es brutal: en 1998, los científicos contaban 6.000 ajolotes por kilómetro cuadrado. Para 2014, la cifra era de apenas 36. Por eso, la NOM-059-SEMARNAT-2010 lo declara en peligro de extinción, y por eso la UNAM ha lanzado este mismo año un nuevo censo poblacional, el primero en casi una década, para saber cuántos quedan realmente. El resultado aún no se conoce, pero el silencio de los canales no invita al optimismo.
El laboratorio que late bajo la piel
El ajolote nunca completa su metamorfosis. Crece, se reproduce y envejece sin perder sus branquias externas ni su cola de aleta, un fenómeno llamado neotenia que lo mantiene en un perpetuo estado juvenil. Pero su verdadero prodigio está en su capacidad para regenerar extremidades, corazón, ojos y sistema nervioso sin dejar cicatrices. Y ahora, las investigadoras han descubierto que su piel es una farmacia oculta.
Mediante un suave masaje —un método ético que no daña ni sacrifica al animal—, las doctoras Isabel Ruelas-Galindo y Constance Auvynet obtienen las secreciones cutáneas del ajolote. Allí encuentran un arsenal de péptidos, pequeñas moléculas que actúan como defensa natural contra depredadores y microbios. Entre ellos, el péptido AXOTL-13, identificado con ayuda de inteligencia artificial, logró inhibir a la bacteria Escherichia coli sin dañar glóbulos rojos, un paso crucial para futuros tratamientos.
“Estamos iniciando la identificación y caracterización de estas moléculas, con el objetivo de descubrir nuevas propiedades antimicrobianas, inmunomoduladoras y anticancerígenas”, explican las autoras, que trabajan en colaboración con los grupos del Dr. Víctor Bustamante y la Dra. Eria Rebollar. El ajolote, añaden, no solo produce sus propios péptidos; también alberga en su piel un microbioma que podría ayudarle a tolerar el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, el mismo que está diezmando anfibios en todo el mundo.
Un símbolo que no puede desaparecer
El rostro del ajolote se ha vuelto familiar: aparece en el billete de 50 pesos, galardonado como el más bonito del mundo en 2021 y 2022, y su “sonrisa” permanente lo ha convertido en un ícono de la cultura pop. Pero esa popularidad contrasta con el olvido en que caen sus canales. Por eso, el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, junto con el Plan Estratégico de la Zona Chinampera y otras instituciones como la Secretaría del Medio Ambiente y la Universidad Autónoma Metropolitana, impulsa desde 2023 acciones concretas: biofiltros, chinampas-refugio y la campaña AdoptAxolotl.
Proteger al ajolote, escriben las investigadoras, “significa preservar una parte esencial de historia, cultura y biodiversidad, además de asegurarnos que podamos seguir estudiándolo para impulsar avances médicos”. Porque el ajolote no es solo un animal en peligro: es un testigo vivo de lo que el Valle de México fue, y un posible aliado en la lucha contra enfermedades que aún nos desafían. Su extinción no sería solo ecológica; sería también médica y cultural. Y esa es una pérdida que ningún billete, por hermoso que sea, podría compensar.