Educación
La UNAM defiende la certeza: anula exámenes con trampa y aplicará prueba presencial de control
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfrenta un desafío crucial: garantizar la certeza en su proceso de admisión. Tras detectar irregularidades en el examen de ingreso a distancia aplicado este año, la institución anuló cerca del dos por ciento de las pruebas, afectando a aproximadamente 159 mil aspirantes. La medida busca asegurar que quienes obtuvieron un lugar lo hicieron por mérito propio y no mediante engaños.
La decisión de aplicar el examen en línea, aunque prometía comodidad, resultó en un escenario donde se utilizaron teléfonos móviles de manera indebida, circularon respuestas en plataformas de mensajería y personas resolvieron pruebas ajenas. Una comisión revisora recomendó, como medida razonable, una prueba de control presencial para verificar los resultados. Esta acción no implica repetir el examen ni anular lo ya hecho, sino comprobar la autenticidad de los puntajes obtenidos.
Medida de control y justicia
A quienes ya recibieron su aviso de selección, así como a aquellos con puntajes suficientemente altos, se les convocará a una nueva prueba bajo vigilancia real, en un salón, con lápiz y reloj. La Universidad argumenta que esta medida está contemplada en la convocatoria original y busca proteger la legitimidad del proceso. La lógica es clara: quien estudió y ganó su lugar con honradez no debería temer una segunda evaluación, ya que el conocimiento es consistente.
La UNAM subraya que cada lugar tomado con engaño es un lugar arrebatado a alguien que hizo las cosas bien. Devolverle ese espacio a quien lo ganó limpiamente es un acto de justicia. Sin embargo, la sensatez de la medida no exime a la institución de sus obligaciones inmediatas, principalmente la claridad en la comunicación de fechas, sedes, versiones del examen y criterios de asignación.
Exigencias de transparencia
Detrás de cada aspirante hay una familia que organizó su vida alrededor de un resultado. Muchos provienen de otras ciudades, y cada día de espera representa un costo económico y emocional. Dejarlos en la incertidumbre sería un agravio adicional. Por ello, la prisa en resolver estos detalles es una forma de respeto. La Universidad debe actuar con rapidez para no añadir más tensión a la ya generada.
Más allá del examen de control, queda un asunto fundamental: el diseño del modelo de supervisión que falló. Alguien cobró por vigilar y no lo hizo adecuadamente. La empresa encargada de aplicar la prueba a distancia tiene mucho que explicar, así como la propia UNAM que la eligió y pagó. No basta con enmendar el resultado; es necesario entender por qué fue posible el desorden y qué eslabones, dentro y fuera de Ciudad Universitaria, permitieron que ocurriera.
El resultado de esa investigación debe hacerse público y tener consecuencias visibles. Fincar responsabilidades es la única manera de evitar que la situación se repita. La certeza que hoy se les pide a los aspirantes debe ser, antes que nada, una exigencia de la propia institución hacia sí misma.