Cultura
La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla propone la educación y la acción como ejes para construir una paz desarmante
En el marco del Día Mundial de la Paz, la comunidad académica de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla plantea que la construcción de la armonía social requiere pasar del simbolismo a la acción concreta a través de la educación, la cultura y la investigación. El profesor Valente Tallabs, adscrito a la Facultad de Ciencia Política y Gobierno, sostiene que la labor universitaria debe trascender el discurso para convertirse en una infraestructura de acción colectiva que enseñe a procesar los conflictos mediante el diálogo y la escucha.
La dimensión política de la paz desarmante
Más allá de ser un concepto estático, la paz se entiende como una realidad multidimensional que exige una postura clara desde las instituciones. Bajo la perspectiva de la identidad católica de la institución, se rescata la idea de una paz que no se impone por la fuerza, sino que surge de la confianza y el encuentro. En este sentido, se hace un llamado a implementar una “paz desarmante”, un concepto que posee un profundo trasfondo político al cuestionar los órdenes basados en el miedo o la coerción.
Esta forma de entender la convivencia busca transformar la agresión en palabras, creando espacios donde la sociedad pueda organizar y resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia. Según el análisis, la paz desarmante tiene la capacidad de abrir canales de comunicación que permitan cambiar la confrontación por el entendimiento mutuo.
El compromiso de la formación profesional
La universidad tiene la responsabilidad pública de formar profesionales que no solo posean excelencia técnica, sino que también cuenten con un alto compromiso social y capacidad crítica. La propuesta académica no busca negar la existencia de los conflictos, sino educarlos para que puedan ser gestionados de forma positiva.
Como centro de pensamiento, la universidad funciona como una comunidad viva donde se desarrollan métodos y pedagogías para la convivencia. Esto incluye la formación en ciudadanía, la preocupación por el entorno y el desarrollo de habilidades psicoemocionales necesarias para que las personas y comunidades procesen sus problemas de manera constructiva.
Hacia una práctica cotidiana y valiente
Finalmente, se subraya que la educación para la paz pierde credibilidad si se limita a narrativas o discursos vacíos; debe ser una práctica constante en la vida diaria. La construcción de este ideal es un proceso compartido que exige la inclusión de todos los sectores y la toma de decisiones públicas que sean valientes y constantes.