Ciencia y Tecnología
Fernando Solabarrieta buscará tratamiento contra las adicciones con ibogaína en Cancún
El comunicador Fernando Solabarrieta confirmó que se trasladará a Cancún, México, con el objetivo de recibir un tratamiento para combatir las adicciones mediante el uso de ibogaína. Esta sustancia, de naturaleza psicodélica, se extrae de la raíz de la planta Tabernanthe iboga, un arbusto que proviene de la región de África central.
Aunque este compuesto es reconocido por sus propiedades estimulantes y alucinógenas, las cuales han sido empleadas por siglos en ceremonias espirituales africanas, el interés científico actual se centra en su potencial para tratar dependencias. En dosis altas, la sustancia puede generar percepciones sensoriales muy intensas, comparables con sueños muy vívidos.
Antecedentes y potencial terapéutico
El estudio de la ibogaína como recurso terapéutico tiene sus raíces en la década de 1960, cuando se detectó que el consumo de esta sustancia ayudaba a reducir significativamente los síntomas de abstinencia en personas adictas a la heroína. Investigaciones recientes han respaldado estas observaciones; por ejemplo, una revisión de 2023 mostró que el 80% de los sujetos con dependencia a opioides experimentaron una disminución drástica o completa de la abstinencia.
Asimismo, otros estudios indicaron que quienes padecen dependencia a la cocaína lograron periodos de abstinencia de entre 5.5 y 8.4 meses tras recibir el tratamiento. Más allá de las adicciones, la ciencia explora su impacto en la ansiedad, la depresión y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), aunque su funcionamiento exacto en el organismo sigue siendo un misterio para los científicos.
Mecanismos cerebrales y riesgos de salud
Se trabaja con la hipótesis de que la ibogaína podría estimular la neuroplasticidad, permitiendo que el cerebro adapte y cambie sus conexiones. Además, científicos de la Universidad de Stanford analizan si la sustancia ayuda a restaurar la mielina, la capa protectora de las fibras nerviosas, lo que podría tener implicaciones para otros trastornos neurológicos, aunque no hay certezas definitivas al respecto.
No obstante, el uso de esta sustancia conlleva peligros severos. La ibogaína puede causar alteraciones en el ritmo cardíaco, arritmias, convulsiones y, en situaciones críticas, un paro cardiorrespiratorio. Se han reportado cerca de 37 fallecimientos vinculados a su uso, especialmente cuando no se cuenta con supervisión médica. Por ello, los expertos enfatizan la necesidad de realizar chequeos de salud y monitoreo cardíaco constante durante su aplicación.
Finalmente, la falta de una regulación uniforme entre países ha frenado la realización de estudios clínicos masivos, dejando gran parte de la evidencia en el terreno de lo observacional. Aunque no se ha comprobado que la ibogaína cause dependencia por sí misma, los especialistas advierten que los resultados varían entre pacientes y que se requieren ensayos clínicos más extensos para confirmar su efectividad y seguridad.