Ciencia y Tecnología
Hallazgo en Sudáfrica de la Universidad La Trobe confirma presencia del Homo erectus hace dos millones de años
Un grupo de arqueólogos de la Universidad La Trobe identificó 18 nuevos fósiles de homininos en la cantera de Drimolen, ubicada en Sudáfrica, entre los cuales destaca un fragmento de cráneo perteneciente a un adulto de la especie Homo erectus. Este descubrimiento, detallado en la publicación de 2026 de la revista Annals of Human Biology, permite confirmar que este grupo de antepasados humanos habitaba el sur de África desde hace dos millones de años.
El estudio fue coordinado por especialistas de los Laboratorios de Paleociencia de la Universidad La Trobe, trabajando en conjunto con instituciones como la Universidad de Johannesburgo, la Universidad de Witwatersrand y la Universidad de Washington. El hallazgo del fragmento craneal DNH 127 es particularmente relevante, ya que constituye el primer fósil de un individuo adulto de Homo erectus localizado en dicho yacimiento.
Evidencia de una presencia más antigua en África
La datación del ejemplar DNH 127 sitúa su existencia unos 200,000 años antes que los restos adultos encontrados en Dmanisi, Georgia, los cuales tienen una antigüedad de 1.8 millones de años. Anteriormente, la información sobre la especie en este sitio era limitada, pues el primer resto recuperado, el DNH 134, pertenecía a un infante de entre 2 y 4 años, lo que generaba incertidumbre sobre la morfología de los adultos.
Al respecto, el investigador principal, Jesse Martin, explicó:
“Homo erectus es la primera especie de hominino que, según la opinión generalizada de los investigadores, pertenece a nuestro género Homo y es probablemente nuestro antepasado directo”
. Asimismo, el experto señaló que el yacimiento de Drimolen es clave porque
“conserva evidencia de la primera aparición de esta especie hace dos millones de años”
.
Diferencias evolutivas y coexistencia de especies
La investigación también analizó las diferencias entre el Homo erectus y el Paranthropus robustus, dos especies que coexistieron en la zona. Mientras que el primero desarrolló cerebros más grandes y molares reducidos —posiblemente por una dieta basada en carne—, el P. robustus presentó dientes más grandes y una musculatura masticatoria mucho más fuerte para procesar alimentos duros, una adaptación que Martin comparó con el uso de
“un mortero y una mano de mortero”
.
Los datos obtenidos revelan que, en el sitio de Drimolen, la población de P. robustus era diez veces más abundante que la de Homo erectus. El estudio también aporta evidencia para el reconocimiento formal de la subespecie P. robustus ukusa. Según Martin, la abundancia de estos restos permite observar de forma inédita los procesos de microevolución de nuestros ancestros, aunque también advirtió sobre la dificultad de la época:
“Durante este período, las probabilidades de supervivencia de nuestros antepasados eran prácticamente nulas”
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