Ciencia y Tecnología
Cardiología internacional publica guía para proteger a pacientes con enfermedades cardiovasculares durante olas de calor
Un grupo de expertos de la Sociedad Europea de Cardiología advierte que las muertes por calor extremo en personas con enfermedades cardiovasculares son prevenibles y propone integrar planes de calor en la atención clínica rutinaria.
Un grupo de expertos internacionales publicó el 8 de octubre de 2026 en el European Heart Journal una declaración científica que traduce la evidencia disponible en recomendaciones prácticas para proteger a las personas con enfermedades cardiovasculares (ECV) antes, durante y después de las olas de calor. El documento, elaborado por la Asociación de Enfermería Cardiovascular y Profesiones Afines (ACNAP), la Asociación de Cuidados Cardiovasculares Agudos (ACVC), la Asociación Europea de Cardiología Preventiva (EAPC), la Asociación de Insuficiencia Cardíaca (HFA) y la Asociación Europea de Ritmo Cardíaco (EHRA) de la ESC, junto con los consejos de Hipertensión, Ictus y el Grupo de Trabajo sobre Farmacoterapia Cardiovascular, advierte que las muertes relacionadas con el calor en esta población son, al menos en parte, prevenibles.
El riesgo cardiovascular aumenta con cada grado
Según los datos recogidos en el artículo, la mortalidad cardiovascular aumenta un 2,1 % por cada grado centígrado que sube la temperatura por encima del umbral mínimo de mortalidad, pero ese incremento se dispara hasta un 11,7 % durante episodios específicos de olas de calor. Los adultos mayores con ECV enfrentan hasta siete veces más riesgo de morir durante una ola de calor. El año 2024 fue el más cálido registrado y el primero en superar los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, exponiendo a los pacientes cardiovasculares a un número récord de días de calor extremo. Se proyecta que la mortalidad cardiovascular relacionada con el calor extremo se duplique para 2050.
Estrategias escalonadas: antes, durante y después
El documento propone un marco de actuación que comienza con la estratificación del riesgo según factores clínicos, demográficos, ocupacionales y ambientales. Los autores subrayan que la preparación frente al calor no debe iniciarse cuando el paciente llega a urgencias durante una ola de calor, sino mucho antes, como parte de la atención cardiovascular anticipatoria. Entre las medidas concretas figuran los planes de acción contra el calor, la monitorización proactiva domiciliaria, la provisión de recursos de refrigeración —como ventiladores, almacenamiento adecuado de medicamentos y vigilancia de signos de deshidratación o sobrehidratación— y la necesidad de capacidad de sobrecarga hospitalaria.
La declaración presta especial atención al manejo de fármacos. Señala que los betabloqueantes, los vasodilatadores, los diuréticos, los antidepresivos tricíclicos y los antihistamínicos de primera generación pueden alterar la termorregulación o agravar la hipotensión. Sin embargo, insiste en que los pacientes no deben suspender ni modificar su medicación cardiovascular por iniciativa propia debido al calor. También advierte que muchos medicamentos deben almacenarse entre 15 °C y 25 °C, y que temperaturas superiores a 40 °C pueden degradar principios activos como los inhibidores de la ECA.
Implicaciones para la formación de profesionales de la salud
El documento dedica secciones específicas a poblaciones cardiovasculares concretas —insuficiencia cardíaca, arritmias, hipertensión, pacientes en cuidados intensivos y en rehabilitación cardíaca— con puntos de acción detallados para clínicos, enfermeros y farmacéuticos. Los autores señalan que los profesionales de la salud carecen de orientación clara y basada en evidencia sobre cómo preparar y manejar a sus pacientes durante el calor extremo, una brecha que este documento busca cerrar.
Para el ámbito de la educación superior, la declaración tiene implicaciones directas: los planes de estudio de medicina, enfermería, farmacia y fisioterapia tendrían que incorporar la gestión del calor como parte de la formación en cardiología preventiva y crónica. El texto menciona que Alemania ha implementado paquetes educativos para profesionales de atención primaria sobre los impactos del calor en la salud, y subraya la necesidad de investigación en poblaciones clínicas reales, ya que la mayoría de los estudios sobre medicamentos y calor se han realizado en adultos jóvenes y sanos, no en los pacientes típicos, que suelen ser mayores, más frágiles y con múltiples comorbilidades.
La declaración concluye que, a largo plazo, mejorar los resultados durante el calor extremo depende tanto de la preparación individual como de respuestas sistémicas, e insta a que la concienciación sobre el calor se convierta en parte rutinaria de la atención clínica, la comunicación en salud pública y el manejo de enfermedades crónicas.
Artículo original: Chaseling, G. K., Jay, O., Uchmanowicz, I., Miro, O., Tokmakova, M., Ljungman, P., Laukkanen, J., Bruno, R. M., Ntaios, G., Rocca, B., & Moons, P. (2026). Reducing the burden of heat-related impacts on cardiovascular health: A statement of the Association of Cardiovascular Nursing & Allied Professions (ACNAP), the Association for Acute CardioVascular Care (ACVC), the European Association of Preventive Cardiology (EAPC), the Heart Failure Association (HFA), and the European Heart Rhythm Association (EHRA) of the ESC, the ESC Council on Hypertension, the ESC Council on Stroke, and the ESC Working Group on Cardiovascular Pharmacotherapy. European Heart Journal. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehag657