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Cultura

La evolución del merengue y el auge del merenhouse en la identidad latinoamericana

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El merengue se ha consolidado como un pilar fundamental de la cultura popular en Latinoamérica, transitando desde sus raíces tradicionales hasta la creación de subgéneros modernos como el merenhouse. Este fenómeno musical, que alcanzó su máximo esplendor durante los años ochenta, no solo representa un ritmo bailable, sino que funciona como un mecanismo de identidad y memoria colectiva para diversas generaciones en la región.

Durante la década de 1980, el género vivió lo que se conoce como “los años dorados del merengue”, un periodo de expansión masiva que coincidió con el estancamiento de la salsa. Mientras el panorama salsero enfrentaba dificultades por la falta de innovación y contenidos cuestionables, el merengue se convirtió en un producto de exportación que conquistó desde el Caribe hasta Europa y Nueva York, impulsado por figuras como Rubby Pérez, Wilfrido Vargas, Johnny Ventura y Las Chicas del Can.

La transición hacia el merenhouse y la influencia urbana

Con la llegada de los años noventa, la necesidad de conectar con las nuevas generaciones llevó a la fusión del merengue con sonidos globales. De este proceso surgió el merenhouse, un estilo que integra la base rítmica de la tambora y la güira con elementos del hip-hop, el rap, el pop y el reguetón. Este subgénero, también llamado merengue house o merengue hip hop, es descrito como un “merengue de calle, impulsado por la diáspora dominicana y la influencia de las nuevas tecnologías musicales” (Díaz, 2026, p. 50).

La escena musical en Nueva York, hogar de una gran comunidad dominicana, fue clave para este cambio. Artistas y visionarios como Nelson Zapata, a través de agrupaciones como Proyecto Uno, sentaron las bases de este movimiento al fusionar ritmos tradicionales con el house y el rap. El uso de sampleos —la reutilización de fragmentos sonoros de otras canciones— se volvió una herramienta esencial para crear sonidos frescos que, aunque fueron criticados por los puristas, lograron un éxito masivo en todo el continente.

Legado y constante transformación cultural

El movimiento del merenhouse dio paso a otros referentes importantes como Magic Juan, Sandy & Papo, Ilegales y Fulanito, cada uno aportando matices distintos, desde el uso de la electrónica hasta la incorporación del acordeón del merengue típico. Estas agrupaciones demostraron que la música puede evolucionar sin perder su esencia raíz.

En última instancia, la historia del merengue refleja la capacidad de la cultura latinoamericana para dialogar con la globalización. Lejos de ser una ruptura con el pasado, las nuevas vertientes musicales actúan como puentes que permiten la resignificación del patrimonio cultural, asegurando que el ritmo siga siendo un espacio de encuentro y expresión para las nuevas generaciones.