Educación
Estudiantes de la Universidad de Chile transforman la arquitectura en la aldea italiana de Collelungo
Un grupo de docentes y alumnos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile realizó un trabajo de campo en la aldea medieval de Collelungo, Italia, con el objetivo de resolver problemas de accesibilidad y desplazamiento en la localidad. Esta actividad, desarrollada durante varias semanas en la región de La Sabina, permitió que la academia interactuara directamente con la comunidad local para abordar desafíos arquitectónicos reales.
La experiencia se dio bajo la modalidad de talleres internacionales, integrando conocimientos académicos con la realidad territorial del poblado. En el proceso participaron figuras como el exrector y exembajador Ennio Vivaldi, la coordinadora del Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico, Cecilia Wolff, y el subdirector del Departamento de Arquitectura, Diego Vallejos, junto a autoridades italianas como el alcalde Cosimo Mastrorocco.
Vinculación entre academia y territorio
El proyecto no se limitó a la aplicación de técnicas constructivas, sino que funcionó como un espacio de diálogo entre la universidad y los saberes históricos de la comunidad. Los participantes, conformados por catorce mujeres y un hombre de la facultad chilena, trabajaron utilizando exclusivamente lápiz y papel como herramienta de pensamiento, lo que permitió una observación más profunda de la topografía y la memoria del lugar.
Esta metodología buscó evitar que la universidad actuara únicamente como una entidad que transfiere conocimiento de forma unilateral. En su lugar, se fomentó una construcción colectiva donde la vida cotidiana y las necesidades de los habitantes de Collelungo fueron piezas clave para el desarrollo de las propuestas arquitectónicas.
El rol de la universidad pública
El ejercicio en Italia puso de manifiesto la importancia de que las instituciones de educación superior salgan de sus fronteras físicas para mantener su vigencia social. Al enfrentarse a una realidad con una profundidad histórica distinta a la chilena, los estudiantes pudieron entender que el conocimiento adquiere sentido cuando se conecta con contextos sociales, culturales y políticos específicos.
La actividad también sirvió para reflexionar sobre la crisis de generación de conocimiento en la actualidad, proponiendo que la universidad debe ser un espacio donde se debatan las incertidumbres del tiempo y se reconozca la legitimidad de los procesos sociales y territoriales en la creación de saber científico y humanista.