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Ciencia y Tecnología

Investigación de la UNAM convierte desechos de nopal en fertilizante que acelera cosechas y eleva producción un 20%

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La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha comprobado que los residuos generados durante el procesamiento del nopal pueden convertirse en un fertilizante orgánico capaz de mejorar el rendimiento agrícola. En pruebas realizadas con avena forrajera en Milpa Alta, este tratamiento logró aumentar la biomasa en un 20% y adelantar la maduración hasta un mes, lo que podría traducirse en mayores ganancias para los agricultores y una menor dependencia de insumos químicos.

La tecnología aprovecha espinas, bordes y otras partes que se desechan antes de comercializar la verdura. Este material representa entre el 15% y el 20% del nopal procesado y normalmente termina en compostaje urbano o en la basura. A través de un proceso de digestión anaerobia, estos desechos se transforman en un producto líquido llamado digestato, con capacidad para nutrir los cultivos y restaurar la actividad biológica del suelo.

Resultados en campo y ventajas para el productor

Los primeros ensayos se llevaron a cabo en parcelas de avena forrajera en Milpa Alta. Desde el primer ciclo agrícola, los investigadores observaron un incremento del 20% en la materia vegetal producida y una reducción de hasta 30 días en el tiempo necesario para alcanzar la madurez.

Cosechar antes puede ser una ventaja económica significativa para los productores, especialmente para aquellos que dependen de las lluvias. Un ciclo más corto disminuye el riesgo de sequías, facilita la planificación de nuevas siembras y permite disponer de forraje con mayor anticipación.

El equipo también encontró que el abono orgánico ayudó a restablecer funciones biológicas en suelos que estuvieron expuestos durante años a agroquímicos. La UNAM señala que los resultados hasta ahora muestran una respuesta más eficiente que la fertilización convencional, aunque se necesitarán más evaluaciones para determinar las dosis adecuadas para cada cultivo.

El proyecto está dirigido por Bruno Chávez Vergara, investigador del Departamento de Ciencias Ambientales y del Suelo del Instituto de Geología de la UNAM. La iniciativa recibió financiamiento de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México entre 2018 y 2020.

Milpa Alta es el principal núcleo productor de nopal de la capital mexicana. Allí se cultivan cerca de 4.500 hectáreas y se obtiene más del 90% del volumen consumido en la Ciudad de México, una actividad que también genera cantidades considerables de residuos con potencial de aprovechamiento agrícola.

Doble beneficio: energía y nutrientes

El procesamiento anaerobio cumple una doble función: permite obtener energía eléctrica y genera el digestato que luego puede usarse como fertilizante. La electricidad producida abastece al centro de acopio, mientras que el residuo líquido vuelve a las parcelas como fuente de nutrientes.

Este esquema reduce el volumen de desperdicios, recupera materia orgánica y puede disminuir parte del gasto destinado a fertilizantes industriales. El desafío será establecer la dosis mínima que mantenga los beneficios productivos sin elevar los costos de aplicación, un aspecto clave para que la tecnología sea accesible a pequeños y medianos agricultores.

Los productores de ladera se encuentran entre los posibles beneficiarios. Muchos trabajan con cultivos de temporal, carecen de sistemas de riego y tienen dificultades para mecanizar sus parcelas debido al riesgo de erosión. En esos terrenos, mejorar la fertilidad sin alterar intensamente la estructura del suelo puede extender su capacidad productiva.

La investigación también busca definir pautas para el manejo de los suelos volcánicos del sur de la Cuenca de México. Además de fortalecer la producción alimentaria, los científicos analizan los efectos del tratamiento sobre la infiltración de agua, la conservación del suelo y la mitigación del cambio climático.

Después de los resultados obtenidos con avena forrajera, el equipo planea extender las pruebas a maíz, zanahoria y otras especies. También prevé trabajar en zonas de Santiago Tulyehualco, en Xochimilco, y Tetelco, en Tláhuac, para evaluar el comportamiento del fertilizante bajo diferentes condiciones productivas.