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Ciencia y Tecnología

La batalla del termostato llega a las aulas: un estudio demuestra que la temperatura afecta el rendimiento cognitivo de manera diferente en hombres y mujeres

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Un experimento controlado realizado en la Universidad Técnica de Berlín con 543 estudiantes ha demostrado que la temperatura ambiente influye de forma significativa y opuesta en el rendimiento cognitivo de hombres y mujeres. Los resultados, publicados en la revista PLOS ONE, indican que las mujeres mejoran su desempeño en matemáticas y lenguaje a temperaturas más altas (en torno a los 30 °C), mientras que los hombres rinden mejor en ambientes más fríos (por debajo de los 20 °C). El estudio, liderado por Tom Y. Chang, de la USC Marshall School of Business, y Agne Kajackaite, del WZB Berlin Social Science Center, sugiere que los estándares de climatización en universidades y lugares de trabajo deberían revisarse para no perjudicar a ningún género.

El hallazgo: más que confort, productividad

Durante dos meses y medio, entre septiembre y diciembre de 2017, los participantes —estudiantes universitarios en Berlín— realizaron tres tipos de pruebas cognitivas en sesiones donde la temperatura variaba entre los 16,19 °C y los 32,57 °C. Las tareas consistían en sumar números de dos cifras, formar palabras a partir de un conjunto de letras y responder al Test de Reflexión Cognitiva (CRT), un ejercicio clásico que mide la capacidad para superar respuestas intuitivas erróneas.

Los resultados muestran que, por cada grado centígrado de aumento, las mujeres resuelven 0,17 problemas matemáticos adicionales, lo que supone un incremento del 1,76% sobre su media. En la prueba verbal, el aumento es del 1,03%. En cambio, el rendimiento masculino tiende a disminuir ligeramente con el calor, aunque esta caída no resultó estadísticamente significativa en todos los casos.

“El incremento en el rendimiento femenino es mayor y se estima con mayor precisión que la disminución en el rendimiento masculino”, señalan los autores en el artículo.

Un efecto que no se ve a simple vista

Lo más llamativo del estudio es que, al analizar los datos sin separar por género, no se aprecia ninguna relación entre temperatura y rendimiento. “La falta de relación en la muestra completa enmascaraba un efecto heterogéneo de la temperatura en el rendimiento según el género”, explican los investigadores.

Este efecto diferencial se manifiesta tanto en la cantidad de respuestas intentadas como en las correctas. Las mujeres no solo aciertan más en ambientes cálidos, sino que también intentan resolver más problemas. En los hombres ocurre lo contrario, aunque con menor intensidad. Además, el aumento en el número de respuestas no va acompañado de más errores; de hecho, en las mujeres, las temperaturas más altas se asocian a tasas de error ligeramente menores.

¿Por qué importa en la educación superior?

El estudio tiene implicaciones directas para el diseño de espacios universitarios. La mayoría de las aulas y bibliotecas mantienen temperaturas fijas que suelen basarse en estándares pensados para el confort térmico masculino, como ya han denunciado diversos estudios y movimientos sociales. Esta investigación añade una nueva capa: no se trata solo de bienestar, sino de rendimiento académico.

Los autores advierten que “los científicos sociales experimentales deberían tener esto en cuenta tanto al diseñar experimentos como al interpretar los resultados”. La composición de género en las sesiones experimentales podría estar afectando los resultados sin que los investigadores lo sepan.

En contextos con equilibrio de género, los autores sugieren que “las temperaturas deberían fijarse significativamente más altas que los estándares actuales”. Una recomendación que, de aplicarse, podría influir en la planificación de infraestructuras educativas y laborales.

Un misterio: el Test de Reflexión Cognitiva

A diferencia de lo observado en matemáticas y lenguaje, el rendimiento en el Test de Reflexión Cognitiva no varió con la temperatura en ningún género. Este resultado sorprendió a los investigadores, dado que estudios previos han relacionado la reflexión cognitiva con la agresividad y la violencia, fenómenos que sí se han vinculado con altas temperaturas.

“Una posible explicación, aunque puramente especulativa, es que los efectos más conductuales de la temperatura, como los efectos sobre la reflexión o la agresión, se manifiestan en horizontes temporales más largos que una sesión experimental de una hora”, apuntan.


Limitaciones y contexto

El estudio, aprobado por los comités de ética de la Universidad del Sur de California y del WZB, tiene limitaciones. La muestra es homogénea: estudiantes universitarios de Berlín, en su mayoría de economía o administración, con una edad media de 24 años. Esto reduce su capacidad de generalización a otros grupos poblacionales o entornos no académicos.

No obstante, los autores defienden que la aleatorización de la temperatura entre sesiones y la homogeneidad cognitiva de los participantes permiten aislar el efecto térmico con mayor precisión.

Un debate con consecuencias prácticas

El estudio no solo aporta evidencia a la llamada “batalla del termostato”, sino que abre un debate sobre cómo las condiciones ambientales pueden afectar la equidad de género en el rendimiento académico y laboral. “Nuestros resultados potencialmente elevan la apuesta en la batalla del termostato, sugiriendo que no se trata solo de comodidad, sino también de rendimiento cognitivo y productividad”, concluyen los autores.