Ciencia y Tecnología
Convierten al pez diablo en insumo ganadero y alimento para mascotas
La proliferación del pez diablo (Pterygoplichthys spp.) en los cuerpos de agua de Tamaulipas ha dejado de ser solo un problema ecológico para convertirse en un desafío económico que afecta directamente a los pescadores artesanales de la región de El Mante. La especie, que carece de depredadores naturales y desplaza a las variedades nativas de valor comercial, ha reducido drásticamente las capturas tradicionales y, con ello, los ingresos de las comunidades que dependen de la pesca. Frente a ese escenario, un proyecto de innovación agroalimentaria desarrollado en la Unidad Académica Multidisciplinaria Mante (UAM Mante) de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) propone una salida: transformar al invasor en un recurso aprovechable para la ganadería y la alimentación animal.
El método de procesamiento, que obtuvo el tercer lugar en la Feria de Ciencias e Ingenierías Tamaulipas (FECIT) 2026 dentro de la categoría Agroindustria y Alimentos, consiste en someter a los ejemplares recolectados a una cocción controlada que preserva su perfil nutricional. A partir de ahí, el proceso se bifurca en dos líneas de producto: los filetes se mezclan con zanahoria y chayote para formular un alimento húmedo para felinos, mientras que el resto del pescado se pulveriza hasta obtener harina, la cual se integra con melaza, sales minerales y maíz para consolidar bloques sólidos destinados al ganado. El diseño técnico fue liderado por un equipo de la licenciatura en Contaduría Pública —Adrián Hernández Nieto, Sebastián Fernández Rivera y Judith de León Sánchez— bajo la asesoría del Dr. Alejandro Trujillo Jiménez.
Resultados que superan a la dieta convencional
Las pruebas experimentales arrojaron cifras que sostienen el potencial de la solución. El alimento húmedo para gatos mostró una aceptabilidad inmediata, mientras que el bloque nutricional probado en ganado ovino registró un incremento de peso de 10 kilogramos en apenas diez días, una cifra que casi triplica los 3.5 kilogramos alcanzados por el ejemplar de control alimentado con dieta regular. Esa diferencia sugiere que el procesamiento del pez diablo no solo neutraliza un desecho biológico, sino que además puede competir en rendimiento con insumos tradicionales.
Una plaga con impacto nacional
El problema que busca atender esta innovación no es local ni menor. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) ha identificado al pez diablo como una de las especies exóticas invasoras más dañinas de México, con presencia documentada en al menos nueve estados, desde Sinaloa hasta Chiapas. En Tabasco, por ejemplo, se estima que hasta el 80% de las capturas en redes de pescadores artesanales corresponden a esta especie, lo que ha llevado a emprendedores regionales a buscar alternativas de comercialización, como la exportación de su carne procesada como botana para mascotas a Estados Unidos.
A nivel académico, el proyecto de la UAM Mante se inscribe en una corriente de investigación aplicada que gana terreno en instituciones de educación superior del país. El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), por ejemplo, ha documentado la expansión del pez diablo en los ríos Grijalva y Usumacinta y ha explorado su potencial como fuente de proteína para acuicultura. Un estudio publicado en ScienceDirect en febrero de 2026 demostró que la harina de pez diablo puede reemplazar hasta el 75% de la harina de pescado convencional en dietas para tilapia sin afectar su crecimiento ni salud. En el ámbito internacional, proyectos europeos como el VALIAS (financiado por la Unión Europea) y la iniciativa griega LagoMeal trabajan en líneas similares, procesando especies invasoras marinas para convertirlas en insumos para acuicultura y alimentación animal.
El desarrollo alcanzado en la UAM Mante, reconocido en la FECIT 2026, abre una vía de investigación sobre la escalabilidad del proceso y su posible réplica en otras cuencas del país afectadas por la misma plaga. La integración de ingredientes locales (zanahoria, chayote, melaza) sugiere además que la técnica podría adaptarse a los recursos disponibles en distintas regiones, convirtiendo un pasivo ambiental en un activo productivo para el sector agropecuario.
