Ciencia y Tecnología
Los cazadores del Paleolítico preferían hembras de mamut, según el ADN de 521 fósiles
Un análisis genómico masivo revela que los yacimientos de origen humano tienen un 70 % de hembras, mientras que los restos naturales están dominados por machos (66,5 %), resolviendo un debate arqueológico de décadas.
Un consorcio internacional de 80 investigadores, liderado desde el Centro de Paleogenética de Estocolmo, ha secuenciado el ADN de 521 mamuts lanudos (Mammuthus primigenius) procedentes de toda Eurasia y Norteamérica. El estudio, publicado en Current Biology, demuestra que las grandes acumulaciones de huesos atribuidas a asentamientos del Paleolítico Superior contienen un 70 % de hembras, mientras que los restos hallados en contextos naturales presentan un 66,5 % de machos.
La diferencia es estadísticamente sólida (p = 3,37 × 10⁻¹¹) y supone la primera evidencia poblacional y genómica de que estos depósitos óseos no son fruto de mortalidad natural o de trampas, sino de una explotación reiterada y selectiva por parte de grupos humanos. Según los autores, “estos resultados proporcionan pruebas genéticas a escala poblacional que destacan el papel central de los mamuts en la economía de subsistencia y material de algunas comunidades paleolíticas”.
Un sesgo de sexo opuesto al esperado
El equipo, coordinado por Hannah M. Moots, Love Dalén y David Díez-del-Molino, analizó genomas completos de 448 ejemplares secuenciados ex novo y 73 publicados previamente. Para la inferencia del sexo genético, se empleó un método que cuantifica las lecturas de ADN mapeadas en los cromosomas X e Y en relación con los autosomas, lo que permite distinguir individuos XX, XY e incluso detectar aneuploidías.
En los restos dispersos —hallazgos aislados sin evidencia de actividad humana— se identificaron 140 hembras (33,3 %), 280 machos (66,5 %) y un caso de mosaicismo X0/XX. Este predominio masculino coincide con lo observado en otras especies como el bisonte estepario o el oso pardo, y se explica porque, en especies polígamas, los machos tienen comportamientos más arriesgados y mayor dispersión territorial, lo que los hace más vulnerables a morir en trampas naturales o zonas de desprendimiento donde los huesos se fosilizan.
Por el contrario, en los 100 ejemplares procedentes de yacimientos de acumulación —como Kraków Spadzista (Polonia), Mus‑Khaya (Siberia), Langmannersdorf (Austria), Dolní Věstonice I o Predmostí (República Checa)—, la proporción se invierte: 70 hembras y 30 machos. En el sitio con mayor número de individuos muestreados, Kraków Spadzista con 26 especímenes, el sesgo femenino es especialmente significativo (p = 0,009).
Evidencia arqueológica que refuerza la hipótesis
Los autores señalan que, si estas acumulaciones fueran el resultado de procesos naturales, cabría esperar un sesgo hacia los machos o, en el mejor de los casos, una proporción equilibrada. La marcada preferencia por hembras sugiere, por tanto, una intervención antrópica deliberada.
Esta interpretación se apoya en hallazgos materiales previos: en varios yacimientos del Gravetiense se han documentado puntas de proyectil incrustadas en huesos, marcas de corte, fracturas intencionadas para extraer médula y hogares asociados. Además, análisis isotópicos de restos humanos contemporáneos ya habían indicado que el mamut era un componente relevante de la dieta.
“El hecho de que el sesgo femenino sea consistente en múltiples sitios apunta a una estrategia de caza repetida, probablemente dirigida a manadas con crías, y no a eventos puntuales de caza o carroñeo”, explica el equipo en el artículo.
Hallazgo accesorio: primera aneuploidía en una especie extinta
Entre los datos analizados, los investigadores detectaron un ejemplar procedente de la isla de Wrangel (identificado como MD067) con un cariotipo compatible con mosaicismo X0/XX —esto es, una mezcla de células con un solo cromosoma X y células con dos cromosomas X. Este tipo de aneuploidía, análoga al síndrome de Turner en humanos, no había sido descrita antes en una especie extinta.
Los autores advierten de que, a medida que los estudios de ADN antiguo en fauna aumenten su tamaño muestral y mejoren sus herramientas de diagnóstico, es probable que se identifiquen más casos de aneuploidías cromosómicas sexuales, lo que abrirá nuevas vías para entender la biología y la salud de estas poblaciones del Pleistoceno.
Implicaciones para la arqueología y la conservación
El estudio no solo resuelve un debate de décadas sobre el origen de los grandes depósitos de huesos de mamut, sino que también ofrece un marco metodológico para reevaluar otros yacimientos paleolíticos. La combinación de sexado genético, datación por radiocarbono y análisis tafonómicos podría aplicarse a otras especies de megafauna —como rinocerontes lanudos o bisontes— para discernir el papel de los humanos en su acumulación y, por extensión, en su declive.
Además, el trabajo subraya la importancia de los repositorios genómicos abiertos: todos los datos crudos de secuenciación han sido depositados en el Archivo Europeo de Nucleótidos (ENA) con el código PRJEB122824, lo que facilitará futuros metaanálisis.
Contexto y próximos pasos
El estudio forma parte de una línea de investigación más amplia sobre la interacción entre humanos y megafauna durante el Último Máximo Glacial. Trabajos previos del mismo grupo ya habían identificado un sesgo masculino en restos dispersos, pero este es el primer análisis que confronta sistemáticamente ambos tipos de contextos con un tamaño muestral suficiente para extraer conclusiones robustas.
Según los autores, el siguiente paso será integrar datos de isótopos estables y morfometría geométrica para determinar si la selección de hembras respondía a criterios de edad, estacionalidad o aprovechamiento diferencial de recursos —por ejemplo, grasa, piel o marfil—. “Estos resultados abren la puerta a preguntas más finas sobre la organización social y las estrategias de caza de los grupos paleolíticos”, concluyen.
