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Ciencia y Tecnología

Estudio genético revela el origen de las vacas que poblaron la Isla Amsterdam tras 130 años de aislamiento

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Un análisis de ADN realizado por especialistas ha logrado reconstruir la historia genética de un rebaño de vacas que habitó la Isla Amsterdam, en el sur del Océano Índico, tras haber sido introducidas por un colono en 1871. La investigación, liderada por el genetista Mathieu Gautier en colaboración con expertos de la Universidad de Lieja y el INRAE, desmiente teorías previas sobre la evolución de estos animales y explica cómo un grupo de apenas cinco ejemplares logró prosperar en un entorno tan hostil.

Hallazgos sobre la composición genética

El estudio, cuyos resultados fueron difundidos en la revista Molecular Biology and Evolution, determinó que la población no sufrió un proceso de nanismo acelerado, como se había planteado en un reporte de 2017. En su lugar, el análisis del genoma mostró que la clave de su supervivencia radicó en su origen mixto. El rebaño estaba compuesto en un 75% por razas taurinas europeas, similares a la actual raza Jersey, y en un 25% por ganado cebú del Océano Índico, relacionado con ejemplares de Mayotte y Madagascar.

Esta mezcla de linajes, que ya existía antes de la llegada a la isla, proporcionó a los animales las capacidades biológicas necesarias para resistir las condiciones climáticas extremas, tales como la escasez de agua dulce, el frío intenso y los fuertes vientos de la región. Los científicos concluyeron que no hubo una selección genética para reducir el tamaño de los animales, sino que los fundadores ya poseían características que facilitaban su adaptación.

Dinámica poblacional y erradicación

A pesar de que el grupo inicial era mínimo, el rebaño experimentó una expansión rápida, alcanzando cerca de 2,000 ejemplares para el año 1952. Esta velocidad de crecimiento fue crucial para mantener la diversidad genética y evitar que la consanguinidad provocara un colapso poblacional. Aunque los niveles de parentesco alcanzaron un 30%, no se detectaron señales de deterioro genético grave o enfermedades hereditarias que pusieran en riesgo su continuidad hasta su desaparición.

La erradicación definitiva del ganado ocurrió en 2010 como parte de un proyecto de restauración ecológica, debido a que estos animales representaban un peligro para la flora y fauna local, afectando a especies como el árbol Phylica arborea y el albatros de Amsterdam. El estudio fue posible gracias a que los investigadores recolectaron muestras de ADN en 1992 y 2006, permitiendo un estudio retrospectivo detallado tras la eliminación de la población.