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Ciencia y Tecnología

La actividad en la Brecha Sísmica de Guerrero mantiene la vigilancia de científicos de la UNAM

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El sismo de magnitud 6.5 que sacudió las cercanías de San Marcos, Guerrero, el pasado 2 de enero de 2026, ha reavivado el interés científico sobre la denominada Brecha Sísmica de Guerrero. Aunque el movimiento fue percibido en varios estados, los expertos aclaran que este evento no confirma la llegada inminente de un megaterremoto ni garantiza que se haya liberado la energía acumulada en la zona.

La zona de estudio comprende una franja de unos 230 kilómetros que se extiende desde Papanoa hasta Acapulco. En este sector, la placa de Cocos se desliza por debajo de la placa de Norteamérica en un proceso de subducción, lo que genera deformaciones en la corteza terrestre y la acumulación de esfuerzos que derivan en actividad sísmica.

Investigaciones de la UNAM y escenarios hipotéticos

Especialistas de la UNAM, entre ellos Víctor Manuel Cruz Atienza, trabajan en el desarrollo de modelos y simulaciones para entender los posibles riesgos de la región. Si bien algunos estudios plantean la posibilidad de una ruptura que genere un terremoto con una magnitud superior a 8, los científicos enfatizan que esto es un escenario hipotético y no una predicción real.

La historia de la zona respalda la importancia de su monitoreo, ya que entre 1845 y 1911 se registraron al menos seis terremotos de gran magnitud en esta área. Sin embargo, los investigadores advierten que el tiempo transcurrido desde el último gran evento no funciona como una cuenta regresiva para un nuevo desastre.

Impacto en la Ciudad de México y fenómenos sutiles

Debido a que la Brecha Sísmica se localiza a unos 300 kilómetros de la capital del país, la Ciudad de México es incluida en los modelos de simulación. Los expertos analizan cómo las características del subsuelo de la urbe podrían amplificar las ondas sísmicas en caso de un movimiento de gran escala originado frente a las costas guerrerenses.

Otro aspecto bajo estudio son los sismos lentos, movimientos que ocurren de forma gradual y pueden durar semanas o meses sin que la población los note. En Guerrero, estos eventos se presentan aproximadamente cada 3.5 años y, aunque ayudan a entender la interacción de las placas, no sirven para predecir si ocurrirá un terremoto destructivo a corto plazo.

Actualmente, la tecnología disponible no permite determinar con exactitud la fecha, hora, magnitud o epicentro de un futuro sismo. Por ahora, el estudio de los fluidos en la zona de subducción y la vigilancia de la brecha siguen siendo las herramientas principales para evaluar los posibles efectos de la actividad tectónica en México.