Ciencia y Tecnología
La bióloga de la UNAM María del Coro Arizmendi impulsa la biodiversidad urbana mediante jardines para colibríes
La investigadora y directora de la FES Iztacala de la UNAM, María del Coro Arizmendi Arriaga, trabaja desde hace más de tres décadas en la protección de los colibríes y su entorno. A través de la creación de jardines con plantas nativas y proyectos de restauración, la bióloga busca reintegrar la vida silvestre en los entornos urbanos de la Ciudad de México y su zona metropolitana.
Arizmendi, quien es investigadora del Sistema Nacional, utiliza a estas aves como indicadores de la salud de los ecosistemas. Su labor se centra en combatir los efectos del cambio climático y la pérdida de hábitat, promoviendo estrategias que permitan a las especies polinizadoras coexistir con la metrópoli.
Desafíos climáticos y amenazas a las especies
Uno de los mayores riesgos identificados por la experta es el desfase entre los ciclos de floración y la presencia de las aves. Debido al calentamiento global, muchas plantas florecen antes de lo habitual, dejando a los colibríes sin alimento cuando llegan a sus zonas de alimentación. Según detalla la investigadora,
“En nuestros estudios calculamos que más del 80% de las especies de colibríes sufrirían afectaciones negativas por el cambio climático”
Además del clima, la científica señala que el tráfico ilegal de estas aves y la transformación del suelo representan peligros constantes. Mencionó que, en años pasados, se detectaron envíos internacionales con ejemplares muertos, lo que evidencia que la presión sobre estas especies no es solo por la deforestación, sino también por actividades ilícitas.
El papel de los jardines y el cuidado ciudadano
Para mitigar estos problemas, la FES Iztacala ha impulsado la red de “Jardines para Colibríes”, un programa que ya cuenta con más de 900 espacios en la Zona Metropolitana del Valle de México, incluyendo zonas como el Bosque de Chapultepec y el Canal Nacional. Este proyecto busca que la ciudadanía participe activamente en la restauración del hábitat urbano.
Sin embargo, la bióloga advierte sobre el uso incorrecto de bebederos artificiales. Aunque son útiles, la falta de higiene puede provocar la fermentación del néctar y la propagación de enfermedades.
“El problema no es el bebedero en sí, sino el descuido humano al no lavarlo. Al igual que las «mamilas» de los bebés, los bebederos tienen agujeros pequeños donde se puede acumular suciedad u hongos si no se tallan con cepillos especiales”
explicó la especialista.
Impacto en la salud y la comunidad universitaria
La labor de Arizmendi también tiene un enfoque social y educativo. La implementación de estos espacios verdes en la FES Iztacala ha demostrado beneficios que van más allá de la biología, impactando positivamente en el bienestar de la comunidad estudiantil.
La investigadora observó que el contacto con estos jardines ayuda a reducir la ansiedad y mejora la conexión emocional de los alumnos con su entorno.
“Encontramos que, además de beneficiar a los polinizadores [los jardines] generan un impacto positivo en la salud mental de los estudiantes. Salir del aula y observar los jardines por 15 minutos les ayuda a desarrollar sentido de pertenencia y reconectar con el mundo real”
concluyó la directora de la facultad.
