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Análisis sobre la propuesta gubernamental de estudiar el ascenso de las derechas en Latinoamérica

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Durante una de sus conferencias matutinas, el gobierno federal presentó la idea de que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México investigue las causas del crecimiento de las corrientes políticas de derecha en América Latina y difunda los riesgos que suponen para la civilización.

La necesidad de un análisis objetivo

El autor considera que estudiar el auge de las derechas y, en consecuencia, los reveses de las izquierdas, es de gran importancia, no solo para dicha institución creada en el sexenio anterior, sino para todas las universidades e institutos de investigación en ciencia política del país. Señala la necesidad de comprender las oscilaciones políticas y, especialmente, las posibles amenazas que estas dinámicas representan para el sistema democrático.

Un enfoque que evite sesgos

Para entender este fenómeno, sostiene, es indispensable analizar críticamente los fracasos de los gobiernos de izquierda. Si el enfoque del mencionado instituto se limita a victimizar a las administraciones derrotadas, atribuir resultados electorales a la intervención de figuras como Donald Trump o culpar al sionismo internacional, el ejercicio carecería de valor. Plantea que lo que busca la presidenta y su equipo es anticiparse, encontrando desde ahora factores externos que podrían explicar un eventual revés electoral.

Admite que Trump no duda en manifestar sus preferencias, pero también argumenta que la derrota de Iván Cepeda en Colombia no se explica sin los errores políticos de Gustavo Petro, y que el triunfo de Keiko Fujimori en Perú es incomprensible sin la polarización generada desde ambos lados del espectro político en la última década.

El verdadero riesgo para la democracia

Iniciar con la premisa de que la derecha es una amenaza para la civilización, afirma, establece de entrada un sesgo poco científico. Reconoce que los gobiernos de extrema derecha han sido, históricamente, expresiones terribles de barbarie, citando al nazismo alemán, el fascismo italiano, las dictaduras chilena y argentina, y el actual gobierno de Netanyahu. Sin embargo, enfatiza que las dictaduras de izquierda no se quedaron atrás, enumerando las atrocidades de Stalin y sus sucesores en la Unión Soviética, Pol Pot en Camboya, Ceausescu en Rumania, el régimen maoísta en China, el castrista en Cuba y el dúo Ortega-Murillo en Nicaragua.

Concluye que la verdadera amenaza para la civilización no es la derecha o la izquierda en sí mismas, sino el autoritarismo y la falta de democracia. En una democracia funcional, las visiones de derecha e izquierda equilibran derechos individuales y sociales, lo colectivo y lo personal, así como la fortaleza del Estado y las libertades económicas necesarias para el desarrollo.

Un campo de estudio pendiente

Finalmente, el texto señala que las diversas corrientes de derecha han sido poco estudiadas en México, y en la mayoría de los casos no se ha buscado entenderlas, sino descalificarlas. Aunque manifiesta tener pocas expectativas sobre lo que resulte de la iniciativa del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, recalca que ello no disminuye la relevancia intrínseca del tema.