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Ciencia y Tecnología

UNAM impulsa la minería urbana para recuperar metales valiosos de la basura electrónica en México

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México genera más de un millón de toneladas de residuos electrónicos al año, un volumen que convierte al país en un territorio con enorme potencial para la llamada minería urbana, una disciplina que busca recuperar metales y otros materiales valiosos contenidos en aparatos desechados para reincorporarlos a procesos industriales. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha sido una de las instituciones que más ha impulsado este enfoque, combinando investigación, campañas de acopio y educación ambiental.

La minería urbana, que comenzó a desarrollarse en Japón y Europa desde la década de 1980, apenas empieza a perfilarse en México como un sector con potencial económico, ambiental y tecnológico. El país cuenta con una enorme generación de residuos electrónicos, una industria manufacturera especializada y centros de investigación capaces de desarrollar nuevas tecnologías de recuperación, además de una creciente demanda mundial de minerales críticos.

El valor oculto de los dispositivos desechados

Un teléfono inteligente puede contener alrededor de 70 materiales diferentes, entre ellos oro, plata, cobre, cobalto, litio y tierras raras. Aunque individualmente parecen cantidades insignificantes, el volumen acumulado cuando millones de equipos llegan al final de su vida útil adquiere grandes dimensiones. El Global E-waste Monitor estima que el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022, de los cuales solo el 15 por ciento fue reciclado mediante sistemas documentados.

Heberto Ferreira Medina, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, ha señalado que muchos ríos en México ya están contaminados por metales pesados provenientes de la basura electrónica desechada sin control en tiraderos municipales o clandestinos.

El Reciclatrón como laboratorio de economía circular

La UNAM ha sido una de las instituciones que más ha contribuido a trasladar la discusión desde el reciclaje tradicional hacia el concepto de economía circular. Uno de los ejemplos más visibles es el Mega Reciclatrón, organizado junto con la SEDEMA, cuya finalidad ya no consiste solo en recolectar aparatos obsoletos, sino reincorporar materiales valiosos a las cadenas productivas.

Durante la inauguración de la edición 2026, el secretario de Servicio y Atención a la Comunidad Universitaria de la UNAM, Fernando Macedo Chagolla, resumió el objetivo del programa: “Con los procesos de reciclaje y manejo adecuado de residuos podemos coadyuvar a que disminuya la actividad minera”.

La edición número trece del Mega Reciclatrón de la UNAM reunió más de 86 toneladas de residuos electrónicos, alrededor de 5 mil 800 participantes y la colaboración de 105 empresas e instituciones. La cifra superó ampliamente la meta inicial, que consistía en rebasar las 60 toneladas obtenidas el año anterior. Estos materiales incluyen computadoras, teléfonos celulares, impresoras, pantallas, cables, baterías, equipos de audio, electrodomésticos pequeños y otros dispositivos que posteriormente son clasificados para recuperar metales, plásticos, vidrio y componentes reutilizables.

Desafíos y perspectivas para la minería urbana en México

Los especialistas identifican al menos cinco grandes desafíos para que México consolide este sector: la baja recuperación de residuos, el mercado informal, la escasa infraestructura especializada, las tecnologías costosas y la aún escasa educación ambiental. Fabiola Méndez, especialista en legislación ambiental y gestión de residuos, ha señalado que México solo tiene una norma oficial, la NOM-161-SEMARNAT-2011, que clasifica los residuos que son basura y comprende algunos componentes electrónicos. “Esa es la única regulación que tenemos en el país, pero desafortunadamente no se sigue porque el avance tecnológico la volvió completamente obsoleta”, lamenta.

Aunque la minería urbana difícilmente sustituirá a la minería tradicional, los especialistas coinciden en que esta será una fuente cada vez más importante de materias primas críticas. La verdadera pregunta ya no es si México posee una mina urbana, sino qué tan rápido logrará desarrollar la ciencia, la infraestructura y las políticas públicas necesarias para aprovecharla, antes de que esos recursos terminen, una vez más, enterrados en un relleno sanitario.