Cultura
Jaguar michoacano: 50 ejemplares monitoreados por la UMSNH revelan la recuperación del felino en el estado
En Michoacán, la presencia del jaguar, el felino más grande de América y un símbolo de México, ha sido documentada científicamente gracias al trabajo de investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Actualmente, se tienen identificados alrededor de 50 ejemplares en el estado, lo que representa una oportunidad real para la conservación de la especie y los ecosistemas que habita.
Carmina Domínguez, maestra en Ciencias Biológicas dedicada a la conservación de este felino, explicó que desde la década de 1980 las poblaciones de jaguar disminuyeron cerca de un 65 por ciento, lo que llevó a considerarlo una especie en peligro de extinción. Sin embargo, el trabajo coordinado entre comunidades, académicos e instituciones ha permitido conocer mejor su situación actual. El censo nacional de 2024 estimó la presencia de alrededor de cinco mil 300 jaguares en todo México.
El hallazgo que cambió la historia en Michoacán
Durante muchos años, Michoacán parecía representar un vacío en la distribución del jaguar en el país. Existían registros en Jalisco y hacia el sur, pero no había evidencia científica suficiente de su presencia en territorio michoacano. En 2010, el doctor en Ciencias Biológicas Tiberio C. Monterrubio Rico, profesor e investigador de la Facultad de Biología de la UMSNH, junto con sus colaboradores, logró documentar fotográficamente al felino en el estado. Aquella primera imagen no fue un registro aislado, sino el comienzo de años de monitoreo.
Domínguez señaló que esta tarea ya no depende únicamente de los científicos. En ella participan dependencias gubernamentales, universidades, organizaciones civiles, empresas y, especialmente, las comunidades que comparten el territorio con el jaguar. Mediante el monitoreo comunitario, los propios habitantes colaboran en la instalación y revisión de cámaras trampa, reciben capacitación y participan en la protección del felino. Cada individuo puede ser reconocido por el patrón único de sus manchas, una especie de huella digital natural que permite distinguirlo de los demás mediante las fotografías obtenidas.
Conflictos y funciones ecológicas
Uno de los principales problemas es que el jaguar suele ser responsabilizado por la muerte de animales domésticos, aun cuando no siempre es el causante. Domínguez explicó que una depredación debe revisarse cuidadosamente antes de atribuirla al felino. El jaguar tiene una forma particular de cazar y deja marcas específicas, como la separación entre las perforaciones provocadas por sus colmillos. En otros casos, los responsables pueden ser perros ferales, que también atacan al ganado y a la fauna silvestre. Identificar correctamente al responsable es fundamental para evitar represalias injustificadas contra una especie amenazada.
Más allá de su fuerza y belleza, el jaguar cumple una función ecológica insustituible. Es un depredador tope y una especie sombrilla: al protegerlo, también se conservan los bosques, las selvas, las fuentes de agua y los animales que comparten su hábitat. Su desaparición podría provocar el aumento descontrolado de herbívoros como los venados y los pecaríes, rompiendo el equilibrio del ecosistema. Carmina Domínguez también llamó a evitar la compra de fauna silvestre y a no mantener animales exóticos como mascotas, ya que muchos ejemplares decomisados difícilmente pueden regresar a la naturaleza.
El mensaje fue claro: el jaguar no es el enemigo. Su presencia habla de ecosistemas que todavía conservan alimento, vegetación, agua y espacio suficiente para sostener la vida. Porque cuando desaparece el jaguar, no se apaga solamente el rugido de un felino, comienza también a quebrarse el bosque entero.
