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Ciencia y Tecnología

Las esponjas de cocina albergan patógenos durante más de 14 días y una sola pasada puede transferir hasta 100.000 bacterias a superficies limpias

Un estudio alemán demuestra que Salmonella, E. coli y S. aureus sobreviven incluso tres días después del secado, y que ni el olor ni el color de la esponja advierten de la contaminación. Los cepillos, en cambio, se secan más rápido y acumulan muchas menos bacterias.

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Las esponjas de cocina, ese utensilio de limpieza que parece inofensivo, se han revelado como un auténtico reservorio de patógenos alimentarios. Un estudio publicado en el Journal of Food Protection [Neuhaus et al., 2026] ha constatado que bacterias como Salmonella Enteritidis, Escherichia coli y Staphylococcus aureus no solo sobreviven en su interior durante al menos 14 días, sino que además son capaces de mantenerse viables tres días después de que la esponja se haya secado por completo.

Los investigadores del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) diseñaron un experimento controlado en el que contaminaron esponjas de cocina con una microbiota base (cepas de Chryseobacterium, Pseudomonas, Acinetobacter y Bacillus) y, posteriormente, con poblaciones iniciales muy bajas de patógenos —de solo 1,5 log UFC para E. coli y Salmonella, y 2,5 log UFC para S. aureus—. El resultado fue que todos los patógenos lograron establecerse y multiplicarse hasta alcanzar poblaciones estables en apenas unos días, alcanzando la microbiota total niveles máximos de aproximadamente 9,0 log UFC por sección de esponja.

Una pasada transfiere hasta 100.000 bacterias a superficies limpias

Uno de los hallazgos más alarmantes del estudio es la facilidad con la que estos microorganismos se transfieren a otras superficies. Al presionar las secciones de esponja contaminada sobre superficies rugosas simulando encimeras de cocina, los investigadores detectaron una transferencia de aproximadamente 1 log UFC por área de contacto —el equivalente a unas 5 UFC—. Sin embargo, en condiciones más realistas de uso, como el fregado con presión y movimiento, la transferencia podría ser sustancialmente mayor. Los autores señalan que una sola pasada de una esponja contaminada puede movilizar hasta 100.000 bacterias a una superficie limpia, un dato que subraya el riesgo de contaminación cruzada en la cocina doméstica. Dado que dosis infecciosas de patógenos como E. coli productor de toxina Shiga pueden ser de tan solo 1-2 log UFC en individuos susceptibles, esta transferencia supone un riesgo real para la salud.

El olor y el color no son indicadores fiables de contaminación

El estudio pone en entredicho uno de los criterios más utilizados por los consumidores para decidir cuándo cambiar la esponja: el sentido común basado en el olfato y la vista. Los investigadores comprobaron que los cambios sensoriales —decoloración, mal olor o aparición de textura viscosa— no se correlacionaban con la presencia de altas cargas microbianas. Esto significa que una esponja puede estar gravemente contaminada y, sin embargo, aparentar estar en perfectas condiciones.

Este hallazgo es especialmente relevante para campañas de educación sanitaria, ya que estudios previos [Møretrø et al., 2021; Møretrø et al., 2022] ya habían señalado que los consumidores tienden a utilizar las esponjas durante períodos prolongados, basándose precisamente en estos indicadores sensoriales poco fiables.

Cepillos de cocina: una alternativa más segura

Frente a este panorama, los investigadores proponen una alternativa práctica: los cepillos de cocina. Según los autores, estos utensilios se secan mucho más rápido que las esponjas —dado que retienen menos agua— y, en consecuencia, albergan cargas bacterianas considerablemente menores. Investigaciones complementarias [Møretrø et al., 2021] ya habían documentado que los cepillos de lavado presentan niveles de contaminación significativamente inferiores a los de las esponjas, debido precisamente a su capacidad de secado más rápido.

“Las esponjas proporcionan hábitats altamente favorables para la supervivencia y proliferación microbiana, incluso durante la desecación prolongada”, señalan los autores en el artículo. Y añaden: “El reemplazo regular de las esponjas de cocina —o su sustitución por utensilios alternativos como cepillos o paños de microfibra, que se secan más rápido y albergan cargas bacterianas menores— podría ser aconsejable”.

Implicaciones para la salud pública y la educación alimentaria

Los hallazgos de este estudio tienen implicaciones directas para la salud pública. La contaminación cruzada en la cocina doméstica es una de las principales vías de transmisión de enfermedades de origen alimentario [Cogan et al., 1999; Kusumaningrum et al., 2004], y las esponjas actúan como vehículos eficaces para la diseminación de microorganismos.

Los autores recomiendan que las campañas de higiene alimentaria enfaticen que “los cambios visuales u olfativos son indicadores poco fiables de contaminación y que el reemplazo de las esponjas debe seguir pautas programadas”. Asimismo, sugieren que “los cepillos y paños de microfibra, que típicamente se secan más rápido, pueden representar alternativas prácticas en las cocinas domésticas”.

El estudio, financiado con fondos intramuros del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, ha establecido un modelo experimental reproducible que permitirá en el futuro evaluar estrategias de saneamiento y explorar cómo los cambios en la microbiota de las esponjas influyen en la persistencia de patógenos. Los autores anuncian que extenderán este modelo a otros patógenos como Listeria monocytogenes.

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