Ciencia y Tecnología
Un escarabajo parasito fabrica su propio perfume floral para engañar a las abejas
Un estudio del Instituto Max Planck de Ecología Química revela que las larvas del escarabajo aceitero europeo sintetizan 17 compuestos volátiles idénticos a los de las flores, un caso sin precedentes de mimetismo químico inter-reino.
Un equipo de investigadores del Instituto Max Planck de Ecología Química y la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania) ha documentado el primer caso conocido en el que un animal produce y emite de forma activa una mezcla compleja de compuestos que imitan el olor de las flores para atraer a sus presas. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), describe cómo las larvas del escarabajo Meloe proscarabaeus sintetizan su propio “perfume floral” para engañar a las abejas y ser transportadas hasta sus nidos, donde devoran los huevos y las reservas de alimento.
Un perfume de 17 compuestos sintetizado por las propias larvas
Los análisis químicos revelaron que las larvas de este coleóptero, conocidas como triungulinos, emiten un aroma compuesto por 17 monoterpenoides, sustancias comúnmente asociadas al perfume de las flores de plantas como el berberis, los ciruelos o los sauces. Lo excepcional, según los autores, es que estos compuestos no provienen de su dieta ni son transferidos por la hembra adulta, sino que son biosintetizados de novo por las propias larvas.
“Los escarabajos no estaban produciendo un solo compuesto para imitar una flor de forma vaga, sino que era como su propio perfume larval personalizado”, explicó a medios especializados el químico sintético Ryan M. Alam, primer autor del estudio . La investigación identificó dos enzimas específicas del citocromo P450, denominadas CYP347BT1 y CYP345BZ1, como las responsables de la oxidación del (S)-linalol —un alcohol monoterpénico común— para generar los precursores de este bouquet floral.
El engaño se produce en laboratorio y en campo
Para confirmar que este aroma era suficiente para atraer a las abejas, los científicos realizaron ensayos de elección en olfatómetros de tubo en Y y experimentos de campo. En las pruebas de laboratorio, tanto abejas silvestres solitarias (Andrena vaga, Osmia bicornis y Colletes similis) como abejas sociales (Apis mellifera y Bombus terrestris) mostraron una preferencia significativa por el aroma de las larvas o por mezclas sintéticas de los compuestos identificados, frente a los controles sin olor.
En los ensayos de campo, realizados cerca de un nido conocido de A. vaga en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, los investigadores colocaron bastoncillos de algodón impregnados con los monoterpenoides. Los resultados mostraron que las abejas volaban hacia los bastoncillos con el aroma floral sintético con mucha mayor frecuencia que hacia los que solo contenían el disolvente de control, confirmando que los compuestos volátiles son el principal señuelo.
Una estrategia que abre nuevas vías de investigación
El estudio no solo describe un sofisticado mecanismo de parasitismo, sino que también plantea un escenario evolutivo fascinante. Los investigadores sugieren que los triungulinos podrían haber utilizado inicialmente el aroma de las flores reales como pista para localizar a sus hospedadores. Con el tiempo, la emisión de estos compuestos por parte de las larvas habría permitido que se agregaran entre ellas, generando una señal más potente que la de una flor individual y reduciendo su dependencia de las plantas. Esta capacidad de síntesis les habría permitido colonizar nuevos nichos ecológicos, incluso en épocas tempranas de la primavera, cuando la floración es escasa.
“Este descubrimiento describe una forma de mimetismo desconocida hasta ahora y amplía nuestra comprensión de cómo los parásitos utilizan señales químicas para manipular a otros organismos”, señaló Alam . La entomóloga May Berenbaum, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, que no participó en el estudio, comentó a Science que los humanos tendemos a identificar más fácilmente los engaños visuales que los olfativos, por lo que este trabajo podría ser “el comienzo de nuevos descubrimientos en el campo del mimetismo químico”.
