Educación
La Universidad de Costa Rica impulsa la movilidad social mediante la expansión de sus sedes regionales
La expansión de la Universidad de Costa Rica hacia diversas regiones del país se ha consolidado como un pilar fundamental para la democratización del conocimiento y la movilidad social. Desde que el Consejo Universitario tomó la decisión de llevar la educación superior fuera del Valle Central en 1967, la creación de centros regionales ha permitido que el talento nacional no dependa de la ubicación geográfica de residencia para desarrollarse.
Durante el año 2026, las sedes y recintos regionales de la institución recibieron a 3,868 nuevos estudiantes, cifra que representa el 38 % de la matrícula de primer ingreso de la universidad. Este crecimiento forma parte de un proceso sostenido que, desde el año 2010, ha permitido que más de 50,000 personas inicien su formación profesional gracias a la presencia de la universidad en distintos territorios.
Impacto social y equidad educativa
Las estadísticas de ingreso reflejan un profundo impacto en sectores de la población que anteriormente tenían menos acceso a la educación superior. El 74 % de los alumnos en las sedes regionales son la primera generación de sus familias en cursar estudios universitarios, mientras que el 79 % de ellos cuenta con algún tipo de apoyo económico mediante becas.
En el caso específico de las mujeres, el panorama de equidad es notable: el 75,1 % de las estudiantes en regiones son las primeras de sus familias en llegar a la universidad y el 94,6 % de ellas provienen de instituciones educativas públicas o subvencionadas. Estos indicadores subrayan que la regionalización funciona como una herramienta de justicia educativa y equidad generacional.
Retos para el fortalecimiento institucional
El rector de la institución, Carlos Araya Leandro, señaló que la regionalización debe ser una política transversal que involucre a todas las áreas de la universidad, desde la administración hasta los centros de investigación. El objetivo es asegurar que las sedes regionales no sean solo extensiones de la enseñanza, sino núcleos que generen investigación aplicada, cultura y acción social conectada con la realidad local.
Para consolidar este modelo, se identificó la necesidad de atender inequidades internas mediante la mejora de la infraestructura, los servicios para estudiantes y las condiciones académicas. Con esto se busca que estudiar en una sede fuera de la zona metropolitana no signifique tener menos oportunidades que en el campus central, combatiendo así las desigualdades territoriales que enfrenta el país.
