Ciencia y Tecnología
Científicos buscan más de 200,000 barriles radiactivos arrojados al Atlántico hace 80 años
Un equipo internacional de científicos ha iniciado una misión para localizar más de 200,000 barriles con desechos radiactivos que fueron arrojados al fondo del océano Atlántico hace casi 80 años. La expedición, denominada NODSSUM, busca determinar el estado de estos residuos nucleares que se depositaron en el mar cuando esta práctica era legal y se consideraba una solución razonable.
La misión, coordinada por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia, el instituto oceanográfico Ifremer y otros organismos especializados, no pretende recuperar los barriles de inmediato. El objetivo principal es localizarlos y responder una pregunta clave: qué ha pasado con ellos después de casi ocho décadas bajo el agua.
El contexto histórico de los residuos nucleares en el mar
Entre 1946 y 1990, al menos 14 países europeos utilizaron el Atlántico nororiental para deshacerse de residuos radiactivos. En total, se calcula que lanzaron más de 200,000 barriles a unos 600 kilómetros de la costa francesa y a casi 4,000 metros de profundidad. En ese entonces, la lógica parecía sencilla: se pensaba que el océano profundo estaba aislado de la actividad humana y que la presión, la oscuridad y la distancia impedirían cualquier impacto importante.
Con el paso de los años, la ciencia comenzó a entender mejor cómo funcionan los ecosistemas marinos y cómo pueden desplazarse algunos contaminantes. Las operaciones realizadas entre las décadas de 1950 y 1980 quedaron registradas, pero en muchos casos solo de forma general, sin mapas detallados que permitieran saber dónde había terminado cada depósito. Miles de toneladas de residuos radiactivos quedaron olvidadas en el fondo del océano y durante décadas prácticamente nadie volvió a buscarlas.
La misión NODSSUM y sus primeros hallazgos
La expedición NODSSUM, coordinada por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia, el instituto oceanográfico Ifremer y otros organismos especializados, utiliza sonares de alta resolución y vehículos submarinos autónomos para recorrer el fondo marino. Al mismo tiempo, recogen muestras de agua, sedimentos y organismos marinos para comprobar si existe algún rastro de contaminación relacionado con esos residuos.
Los primeros resultados no han detectado niveles extraordinarios de radiactividad en las zonas estudiadas, pero la expedición confirmó que los barriles siguen ahí. Algunos permanecen parcialmente enterrados bajo los sedimentos; otros continúan expuestos sobre el fondo marino y muchos ya están cubiertos por esponjas, corales y otros organismos que terminaron colonizando su superficie.
El manejo de residuos nucleares en México
En México, los residuos radiactivos generados por la Central Nuclear Laguna Verde, así como los provenientes de hospitales, la industria o la investigación científica, no se depositan en el medio ambiente. Su manejo está regulado por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), encargada de supervisar el almacenamiento y uso seguro de materiales radiactivos.
Instituciones como el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) estudian la radiactividad ambiental y colaboran con organismos internacionales para vigilar la presencia de radionúclidos. El Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM y el CICESE investigan de manera permanente la contaminación marina, las corrientes oceánicas y los ecosistemas de aguas profundas.
El cambio en la gestión de residuos nucleares
En 1993, los países firmantes del Convenio de Londres prohibieron definitivamente arrojar residuos radiactivos al mar al reconocer que los océanos no eran una solución permanente para este tipo de materiales. Hoy, la mayoría de los países con programas nucleares almacena estos residuos en instalaciones especialmente diseñadas para mantenerlos aislados durante décadas o incluso miles de años.
La historia de estos barriles también muestra cuánto ha cambiado la industria nuclear. En México, los residuos radiactivos generados por la Central Nuclear Laguna Verde, así como los provenientes de hospitales, la industria o la investigación científica, no se depositan en el medio ambiente. Su manejo está regulado por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), encargada de supervisar el almacenamiento y uso seguro de materiales radiactivos.
La expedición ocurre frente a las costas europeas, pero sus conclusiones interesan a cualquier país con grandes litorales, incluido México. Instituciones como el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) estudian la radiactividad ambiental y colaboran con organismos internacionales para vigilar la presencia de radionúclidos. El Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM y el CICESE investigan de manera permanente la contaminación marina, las corrientes oceánicas y los ecosistemas de aguas profundas.
