Ciencia y Tecnología
Ciencia y políticas climáticas coinciden, pero no llegan al campo: el caso del maíz en México
Un estudio pionero realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela una desconexión crítica entre la ciencia, las políticas públicas y las prácticas reales en el campo mexicano para la adaptación al cambio climático en el cultivo de maíz .
La investigación, publicada en la revista Atmósfera, se llevó a cabo en el Distrito de Riego 087, “La Piedad”, una de las zonas más productivas de maíz en el país, ubicada entre los estados de Michoacán y Guanajuato . Mediante 30 entrevistas a productores de la región y el análisis de 42 artículos científicos y 18 instrumentos de política pública, el equipo de científicas, liderado por Carolina Ureta, buscó entender si lo que se propone desde la academia y el gobierno se alinea con lo que realmente se hace en los campos de cultivo .
Un abismo entre el papel y la tierra
Los hallazgos son contundentes. Existe una alta coincidencia de aproximadamente un 70% entre las estrategias de adaptación recomendadas por la literatura científica y las que promueven las políticas públicas a nivel federal y estatal . Sin embargo, la brecha se abre al llegar al campo: apenas un 37% de estas medidas se implementan en la práctica por los agricultores de La Piedad .
Esto significa que una gran cantidad de conocimiento generado en universidades y centros de investigación, y respaldado por programas gubernamentales, no está llegando a quienes más lo necesitan para enfrentar los efectos del cambio climático, como sequías e inundaciones, que ya son una realidad en la región .
El costo de la desinformación y la falta de apoyo
La investigación documenta la vulnerabilidad de los productores. Un alarmante 87% de los agricultores entrevistados declaró no tener acceso a información climática confiable ni a alertas tempranas sobre fenómenos extremos como La Niña, que impactan directamente sus cosechas . La falta de información se convierte así en un obstáculo fundamental para su capacidad de adaptación.
Esta desconexión los orilla a tomar decisiones por su cuenta, muchas veces basadas en el empirismo y que pueden resultar contraproducentes. Por ejemplo, la práctica más común para conservar la humedad del suelo es dejar los residuos de la cosecha anterior. Sin embargo, ante la falta de apoyo técnico, esta medida puede provocar plagas, llevando a algunos agricultores a abandonarla .
Incluso, la desesperación lleva a una “mala adaptación”: el arrendamiento de tierras a empresas tequileras para el cultivo de agave . Esta decisión, lejos de ser una adaptación, representa para muchos productores una pérdida de identidad cultural. Como relata una agricultora en el estudio, “me da tristeza porque siento que ya no es mi tierra” .
Grupos vulnerables y el camino a seguir
El estudio, que también incorporó una perspectiva de género , identificó a tres grupos particularmente vulnerables: las mujeres, los agricultores mayores de 50 años y los productores de temporal (secano). Las mujeres agricultoras, a menudo responsables del trabajo pero sin poseer la tierra, enfrentan una doble discriminación por su género y su acceso limitado a recursos .
Ante este panorama, el estudio de la UNAM no solo diagnostica el problema, sino que propone soluciones. Los investigadores sugieren un enfoque integral que incluya la co-producción de conocimiento entre científicos y agricultores, un acceso equitativo al agua y tecnología, la mejora de semillas nativas resistentes a la sequía y, de manera crucial, la implementación efectiva de políticas con apoyo técnico y presupuesto asegurado . La investigación deja claro que, para que la ciencia tenga un impacto real, los puentes entre el laboratorio y el campo deben ser mucho más sólidos.
