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Ciencia y Tecnología

Universidad y ciencia respaldan cuatro plantas clave para salvar a polinizadores en zonas urbanas

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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y la Xerces Society han señalado al algodoncillo, la vara de oro, la equinácea y el girasol como especies vegetales fundamentales para contrarrestar la disminución de polinizadores en las ciudades. La recomendación, documentada en guías técnicas desde 2015, busca garantizar recursos florales continuos y hábitat para abejas, mariposas y otros insectos en entornos urbanos fragmentados.

El acelerado crecimiento de las urbes y la consecuente pérdida de hábitats naturales han puesto en jaque la diversidad de polinizadores. Frente a esta realidad, los organismos internacionales promueven desde hace una década la creación de jardines urbanos con plantas nativas que sostengan la reproducción de estos insectos y aves, lo que a su vez impulsa la producción de alimentos y la conservación de la biodiversidad. La selección de especies como el algodoncillo, la vara de oro, la equinácea y el girasol responde a la necesidad de restaurar servicios ecosistémicos y facilitar la adaptación de los espacios urbanos al cambio climático.

Criterios científicos para la selección de especies

Las listas de plantas sugeridas por la Royal Horticultural Society y la Xerces Society son elaboradas por equipos de botánicos, horticultores y ecólogos, quienes priorizan especies nativas con floraciones escalonadas a lo largo del año y capacidad para atraer múltiples grupos de polinizadores. Según la FAO, más del 80 por ciento de las plantas con flores dependen de polinizadores animales, y cerca del 35 por ciento de la producción agrícola mundial está condicionada por su presencia.

El informe de la IPBES sobre polinizadores y polinización, coordinado por Simon Potts y publicado en 2016, advierte que la reducción de abejas, mariposas y otros insectos amenaza la seguridad alimentaria y la diversidad genética de los cultivos. El documento recomienda la restauración de hábitats urbanos mediante especies que aporten néctar, polen y hospedaje larval. Las investigaciones de la Xerces Society resaltan la importancia de combinar plantas hospedadoras, como el algodoncillo para monarcas, con especies que ofrezcan recursos florales en distintas épocas, como la vara de oro y la equinácea.

Algodoncillo: hospedaje crítico para mariposas monarca

El algodoncillo ha sido destacado por la National Wildlife Federation como planta hospedadora exclusiva para las larvas de la mariposa monarca, una especie emblemática cuya supervivencia depende directamente de su disponibilidad. La FAO y la guía de jardines para polinizadores de la Universidad Clemson coinciden en que existen al menos cuatro especies nativas de algodoncillo —común, de pantano, de mariposa y vistoso— que deben priorizarse en jardines urbanos de Norteamérica por su adaptación local y su valor tanto para orugas como para adultos de mariposa.

Pollinator Partnership describe al algodoncillo común como una “especie imán”, cuya floración abundante y accesible atrae abejas solitarias, abejas melíferas, mariposas y colibríes. El Servicio de Conservación de Recursos Naturales recomienda su plantación en parches o macetas profundas, ubicadas en sitios soleados, para maximizar su función ecológica y facilitar la observación de interacciones planta-polinizador en huertos escolares y parques urbanos.

Vara de oro: floraciones tardías para sostener la diversidad

La vara de oro ofrece una de las floraciones más prolongadas del calendario urbano, extendiéndose desde el final del verano hasta el primer hielo. Estudios locales y la compilación de plantas para polinizadores del Servicio de Conservación de Recursos Naturales destacan que, en esta época crítica, la vara de oro provee néctar y polen esenciales para abejas, mariposas y avispas benéficas, además de semillas y refugio invernal para aves como jilgueros y pinzones.

Según la Xerces Society, la estructura de inflorescencias densas y la accesibilidad de los recursos convierten a la vara de oro en un “imán de insectos” que sostiene redes tróficas complejas. La Royal Horticultural Society incluye numerosas especies de vara de oro en su lista para 2025, señalando su utilidad en praderas urbanas, azoteas verdes y bordes de caminos, donde la reducción de la frecuencia de siega puede potenciar su valor ecológico.

Equinácea: recurso multifuncional para insectos y aves

La equinácea, compuesta por variedades ornamentales y nativas, ha sido ampliamente promovida por organizaciones como la Xerces Society y Edge of the Woods Nursery por su capacidad para atraer una diversidad notable de abejas, mariposas y colibríes, además de servir como hospedaje para larvas de mariposas y alimento para aves. Según la Universidad Clemson, las equináceas florecen desde verano hasta otoño y se adaptan bien a suelos urbanos, tolerando sequía y pleno sol.

La recomendación de priorizar especies silvestres o cultivares con estructura floral accesible se basa en estudios que demuestran que los polinizadores prefieren flores abiertas y ricas en néctar, mientras que las aves, como los jilgueros, se benefician de las semillas que quedan en las cabezas florales secas durante el otoño.

Girasol: vínculo entre agricultura urbana y conservación

El girasol ocupa un rol central en la producción de alimentos y la educación ambiental. La FAO destaca que los cultivos oleaginosos como el girasol dependen, en parte, de polinizadores para maximizar su rendimiento y calidad. En jardines escolares y huertos urbanos, el girasol se utiliza tanto para la producción de semillas comestibles como para atraer abejas y mariposas en verano, facilitando la observación directa de la polinización y fortaleciendo el vínculo entre los ciudadanos y el ciclo agrícola.

La guía de jardinería para polinizadores de la Universidad Clemson recomienda la siembra de girasol en lugares soleados y en combinación con otras especies nativas, para crear paisajes urbanos funcionales y resilientes. El Servicio de Conservación de Recursos Naturales subraya la facilidad de cultivo y el potencial educativo del girasol, que puede sembrarse en parches, macetas grandes o filas dentro de huertos urbanos, sin necesidad de pesticidas.

Sinergias y recomendaciones integradas

La selección de estas cuatro plantas responde a criterios científicos y ecológicos que buscan garantizar una oferta continua de recursos florales y estructurales en jardines urbanos de distinta escala. Las instituciones consultadas insisten en priorizar especies nativas, evitar plantas invasoras y reducir el uso de pesticidas para maximizar el beneficio a polinizadores y otras especies asociadas.

El diseño de jardines urbanos con algodoncillo, vara de oro, equinácea y girasol permite, además, adaptar la selección a suelos secos, húmedos o espacios verticales, como azoteas y balcones, siguiendo las recomendaciones del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y estudios académicos recientes. Este enfoque, respaldado por la FAO, el IPBES y la Xerces Society, transforma los jardines urbanos en refugios y corredores ecológicos, contribuyendo a la seguridad alimentaria, la resiliencia de la biodiversidad y la educación ambiental en ciudades cada vez más densas.

La evidencia científica y técnica demuestra que la integración de estas especies en la infraestructura verde urbana no solo favorece a los polinizadores, sino que fortalece el bienestar humano y la sostenibilidad de los ecosistemas urbanos.