Ciencia y Tecnología
Estudio revela que el 5.4% de los estudiantes universitarios mexicanos que juegan videojuegos podrían tener un trastorno
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports estima que el 5.4% de los estudiantes universitarios mexicanos que son jugadores activos de videojuegos podrían cumplir con los criterios para el Trastorno por Uso de Videojuegos en Internet (IGD, por sus siglas en inglés), una condición reconocida por la Organización Mundial de la Salud. La investigación, basada en una muestra de 712 estudiantes del Tecnológico de Monterrey, fue desarrollada por académicos de esta institución y de la Universitat de València.
El trabajo, liderado por la investigadora Julia Gisbert-Pérez, fue realizado entre enero y abril de 2025 y busca actualizar el panorama post-pandemia en un mercado de videojuegos de rápido crecimiento como el mexicano . Aunque la prevalencia general en la muestra fue del 2.1%, esta cifra se eleva al considerar únicamente a los jugadores activos . La cifra contrasta con la de estudios pre-pandemia, como el de Borges et al. (2019), que reportó una prevalencia del 5.2% en una muestra más amplia de estudiantes mexicanos, aunque los autores señalan que las diferencias metodológicas impiden establecer una comparación directa .
La falta de perseverancia y el apoyo social, factores clave
El análisis identificó que la dificultad para mantener la atención en tareas prolongadas, un rasgo de impulsividad conocido como “falta de perseverancia”, es el predictor más significativo para el desarrollo del IGD. Por cada unidad de aumento en este rasgo, la probabilidad de presentar el trastorno aumenta en un 32.4% . Este hallazgo se alinea con la literatura que vincula los déficits de atención con el juego problemático .
Por otro lado, el estudio reveló que el apoyo social percibido de los pares actúa como un factor protector clave. Los estudiantes que reportaron un mayor apoyo de sus amigos y compañeros mostraron una probabilidad significativamente menor de desarrollar IGD. Específicamente, un aumento en la percepción de apoyo social reduce el riesgo en un 20.5% .
Entornos tóxicos y motivaciones de juego, bajo la lupa
Otros factores de riesgo identificados incluyen la exposición a comunidades de juego tóxicas y las motivaciones basadas en la gratificación violenta o el uso del juego como mecanismo de afrontamiento (escapismo). Los investigadores señalan que los entornos tóxicos, combinados con la competitividad, pueden reforzar el comportamiento de juego excesivo . Por el contrario, jugar por diversión o recreación se asoció negativamente con los síntomas del trastorno, lo que sugiere que no todas las formas de juego son igualmente riesgosas .
Apoyo entre pares: una estrategia de intervención
Los hallazgos subrayan la importancia de desarrollar intervenciones culturalmente adaptadas en las universidades. Iniciativas que fortalezcan las redes de apoyo entre pares y programas de mentoría podrían ser particularmente efectivas. Este enfoque, centrado en el apoyo entre iguales (peer-to-peer), se ha explorado en otras latitudes para abordar conductas adictivas. En el Reino Unido, por ejemplo, organizaciones como Ygam han implementado programas que capacitan a estudiantes para identificar signos de problemas de juego y ofrecer apoyo a sus compañeros, fortaleciendo la pertenencia y la salud mental en los campus .
La investigadora Laura Badenes-Ribera, coautora del estudio, destaca en el artículo la necesidad de que las universidades implementen estrategias que no solo se centren en el control del tiempo de juego, sino también en el manejo de la impulsividad y la regulación emocional. “Dado el vínculo entre el IGD y la impulsividad, los programas que mejoran la planificación y el control atencional pueden beneficiar a los estudiantes en riesgo”, se menciona en el estudio .
El estudio, sin embargo, presenta limitaciones. Los autores reconocen que el uso de una muestra por conveniencia de una sola universidad y el diseño transversal impiden generalizar los resultados y establecer causalidades. Asimismo, la falta de una validación psicométrica completa de los instrumentos en la población mexicana señala la necesidad de continuar con la investigación en este campo .
